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Full text of "Tentativas para la pacificación de la República Oriental del Uruguay, 1863-1865"

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TENTATIVAS 



PMA LA PACIFICACIÓN 



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InDIUREPUÜOnmDEiHV 



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BUENOS AIRES 

Impvonfa de ht Nación AríÍentina, calle Saff Mari i n rn'inK^ru iC'i. 
1^6^ 



4175 



PARA LA PACIFICACIOISr 



DE LA 



MPtlJLKli ÜMINTU OEL liílljílllil!. 



:>^S^o 



1863—1865. 



¿ 



y 



BUENOS AIRES., 
inipivnlii ik' l.i "Nación Argentína» calle San Marliii mimero I2i. 



ÜNIRODlK^rjOiN. 



Accediendo álos deseos de los amigos de la paz, y para servicio 
de la causade lapaz, autoricé la ¡iublicacion de la correspunden- 
cia relativa á la última tentativa que hice para salvará Montevi- 
deo, del único modo en que ahora es posible salvarlo. 

Entregada ala publicidad, sentí la necesidad de dejar estable- 
cida la filiación de esa mi tentativa. 

Ella me fué inspirada por las convicciones y por los sentimien- 
tos que han inspirado toda mi conducta desde 1863. 

Los documentos que ahora publico lo probarán irrecusable- 
mente. 

Nohepodidoprescindir de narrar algunos hechos y de dar al- 
gunas esplicaciones para la mejor inteligencia y apreciación de 
los documentos; pero aun en esto me limito á lo que me ha pa- 
recido indispensable. 

El rol que he tenido en los sucesos políticos de mi pais, de que 
acabo de separarme, está caracterizado por esos mismos docu- 
mentos. 

He deseado lapaz interna y esterna, porque creo que la paz, 
que asegurará nuestro progreso y nos dará elementos de verda- 
dera vida nacional, es el medio, único, de llenar aspiraciones que 
reconozco legítimas, pero que convertidas en tópicos de agitación 
interna, nos alejan, debilitándonos, déla época en que pudieran 
ser satisfechas para bien y para honor de nuestra patria: — y he 
trabajado con sinceridad, pero con muy poca fortuna, en la rea- 
lización de aquel deseo. 



piiciiOÁ Aii-p?. Ffbrt'fo 3 de )R65. 



A. Lamas. 



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881 



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1 ^ o 3 • 



Buenos Aires, Agosto 26 de 18{')3 

Señor Ministro : 

Desdo que las armas del Gobierno no pudieron evitarle al país 
la guerra civil que tan injustificadamente vino á provocarse, y 
desde que á consecuencia de ese hecho, casi incomprensible, 
aquella calamidad se prolonga en el presente y amenaza repro- 
ducirse en el porvenir por la reconstrucción de los viejos y 
odiosos partidos que en el campo de las guerras civiles arruina- 
ron el país y comprometieron su existencia nacional, yo creo 
que por medio de la lucha armada ya no pueden salvarse los 
grandes intereses nacionales que me colocaron al lado del Go- 
bierno. 

La lucha armada, en las condiciones que hoy tiene, arruinará 
de nuevo al país, — desorganizará su hacienda, — aniquilará su 
crédito en el exterior — y nos dejará en el interior en la desor- 
ganización fundamental que es el resultado inevitable del triun- 
fo de uno de los viejos partidos por medio de la guerra civil, 
cualesquiera que sea el símbolo ó el principio en cuyo nombre 
ese triunfo se realice. 

Desde que estas son mis convicciones, como V. E. ya lo sabe 
privadamente, yo no veo mas camino de salvación para los ver- 



daderos y grandes intereses de fa patria común que evitar la 
continuación de la guerra civil — que nos arruina á todos la pa- 
tria, — evitar el triunfo funesto y sangriento de cualquiera de los 
dos partidos en guerra civil, y salvando el principio de la autoridad 
legal, traerlos, á los dos, al terreno legal, garantiéndolos con 
igualdad y lealtad para que luchen y triunfen en ese terreno. 

Bien conozco que eso es dificilísinio, señor, pero si es difícil, 
no es imposible. 

Para que fuera absolutamente imposible seria necesario que 
los orientales, del uno y del otro partido, quisieran satisfacer sus 
pasiones y sus ambiciones á precio de la ruina, del descrédito 
y de la desorganización de la patria, sin retroceder ni aun ante 
las humillaciones, que tan amargas debieron ser para todos, 
de los auxilios y de las intervenciones estranjeras porque las an- 
teriores guerras civiles nos hicieron pasar, y que la lucha actual 
nos está ya preparando. 

Y yo todavía no puedo suponerlos ciegos y perdidos por las 
malas pasiones á semejante estremo. 

Por el contrario, me persuado — que todos ellos miraban con 
íntima satisfacción la riqueza de sii país, la organización de su 
hacienda, la creación de su crédito exterior, la regularidad y la 
honradez de su administración interior, y que todos ellos de- 
sean que se salven todos esos elementos de nuestra existencia 
nacional. 

Están apasionados, y la pasiones la oscuridad. 

Pero si se hace en la oscuridad de la pasión la luz de la razón 
y del patriotismo, si se demuestra que cinco meses mas de lu- 
cha y un triunfo de partido en guerra civil nos arruina y desor- 
ganiza la patria, que és, que debe ser de todos y para todos, si 
se les garante seriamente á todos — sin escepcion — el campo le- 
gal en que pueden luchar y vencer sin perder al pais, si dán- 
doseles esa garantía se les conjura á que depongan las armas 
fratricidas, ningún oriental digno de ese nombre, ningún hom- 
bre de corazón puede permanecer en esa arena sangrienta en 
que estamos combatiendo. 

S. E. el señor Presidente estaba resuelto en el último mes de 
Marzo á garantir seriamente é igualmente á todos los orientales 
el terreno legal en las próximas elecciones, á llamarlos á ese ter 



- C — 

rcijo y á concluir así por ese grande acto que añrraaria ía paz 
dando existencia á la lucha y á la sucesión regular de los par- 
tidos su escelente administración. 

Y. E. sabe que el conocimiento que tuve de ese alto y sano 
propósito ha influido, decisivamente, en mi ánimo y en mi con- 
ducta. 

¿Por qué ocultar ese propósito? ¿Por qué no declararlo alta- 
mente? ¿Porqué no hacer de él el símbolo, el objeto, el medio 
de una reconciliación de familia? 

Mientras la rebelión podia ser fácilmente vencida, yo compren- 
día que ese propósito se reservase para ser promulgado en el dia 
del triunfo de la ley- 
Pero cuando la guerra civil va á hacerlo imposible, cuando la 
guerra civil vaá quitarnos todo cuanto qucriamos salvar, cuan- 
do las nuevas generaciones que debían entrar á la vida regular 
van á pervertirse y á perderse en los campamentos de la guerra 
civil, aquella reserva se convierte, de hecho, en una abjuración. 

He dicho que aquel propósito seria un medio. 

Y, en verdad, garantidos, seriamente, como podia hacerse, las 
personas y el libro ejercicio de los derechos políticos en las pró- 
ximas elecciones — ¿áqué pretesto podría continuar la lucha ar- 
mada? 

Los que se obsecaran en esa lucha se clasiíicarian á si mismos 
inequívocamente. 

Cada uno quedaría en su lugar. La opinión ge haría y ella daría 
al buen gobierno que tal acto hiciera lafuerza que no podrían darle 
nunca ni las pasiones ni los intereses de partido. 

No propongo una capitulación. 

Deseo ([uelos propósitos queme han ligado al Gobierno del ac- 
tual Sr. Presidente sean solemnemente declarados y que al de- 
clarar, mutu-propio, que está firmemente resuelto á dar serias y 
leales garantías para la lucha pacífica de los partidos en la arena 
legal, cubra con una amnistía completa los actos anteriores al día 
f{ue designe para que se acepte el armisticio que debe preceder 
al desarmamiento de las fuerzas disidentes y al de las fuerzas 
tístraordinarias levantadas por el Gobierno (operaciones cuyos 
detalles se arreglarían por separado). 

Yo creería conveniente que este grande acto, fuese acompaña- 



— / 



do de la promesa de solicitar de la nueva Legislatura la abolición 
de la pena de muerte por causas políticas y la adopción de las 
familias de los que la hubieren sufrido después de la pacificación 
de 1851, haciendo de este progreso, que honrarla nuestra legis- 
lación y los sentimientos nacionales, la prenda de la reconciliación 
que provocamos. 

Tales la sintesis del pensamiento que me preocupa. 

Es el mismo, señor, de que nos ocupábamos en Marzo. 

Creia entonces que él consohdaria la benéficapaz de que gozaba 
elpais. 

Creo ahora que él es el medio que puede darnos la esperanza de 
salvar al pais. 

El éxito que tuviera el grande acto que solicito, indicarla cuales 
serian las condiciones de detalle que exijiera su completa eje- 
cución práctica. 

Por el pronto, bastarla promulgarlo y hacerlo llegar al conoci- 
miento de los que se encuentran en armas contra el Gobierno. 

Sin que esto tenga lugar, no veo medio de evitar que la lucha 
actual acabe de degenerar en lucha pura y simple de los viejos 
partidos que viven de las tradiciones de las guerras civiles que 
devastaron y humillaron nuestra patria. 

V.E. sabe que en lucha de ese género, yo ni puedo, ni quiero 
tomar parte. 

Esa es la razón que principalmente me decidió á presentar la 
i'enuncia qne elevé al gobierno en el mismo dia en que se conclu- 
yó el arreglo de las dificultades que comprometieron en Junio la 
paz internacional del Rio de la Plata. 

Ese es también el motivo de la aflicción en que vivo y que 
V. E. ha debido notar que influye en toda mi conducta oficial. 

No concibo nada bueno en estos países sino por medio de la 
paz. 

De ahí que solo para la paz, para buscarla, para concurrir á 
consolidarla tengo decisión y energía. 

Si el Gobierno no estima oportuno mi pensamiento ú otro que 
mejor pueda conducirnos ala inmediata pacificación del pais, yo, 
lamentándolo profundamente, debo separarme y de hecho puede 
V.E. considerarme separado por medio de la presente nota. 

Y. E. no encontrará en ella nada nuevo, porque ella nocontie- 



ne mas que las ideas y las resoluciones en que siempre estuve y 
que V. E. conoce perfectamente. 

PeroV. E. me llevará á bien que las deje consignadas en esta 
forma para que consten, como deben, los motivos que determi- 
nan mi conducta. 

Tengo el honor de reiterar á V. E. las protestas de mi res- 
pecto. 

Andrés Lamas. 

AS.E. el Sr. Dr. I). Juan José de Herrera, Ministro de Relacio- 
nes Esteriores de la República. 



Pendiente la resolución del Gobierno y en los momentos en que 
la esperaba, fui sorprendido por la llegada de un vapor nacional 
de guerra, que me traia la siguiente nota. 
Ministerio de Relaciones Exteriores. — 



Monlcv'idon, Soliemhre 10 de 1863. 
(10 de la noche)- 



Señor Ministro ; 



Hago zarpar con destino á ese puerto el vapor de guerra na- 
cional Villa del Salto con el único objeto de poner en conocimien- 
to de los Representantes del Gobierno de la República en Buenos 
Aires, la fausta nueva de la completa derrota que las armas na- 
cionales han hecho sufrir hoy en las inmediaciones de la capi- 
tal, á las hordas de vándalos que osaron insultar al frente de 
Montevideo, la magestad de la ley y los altos respetos de un 
iiueblo civilizado v iiatriotico. 



— 9 — 

Presento á V. E. buen servidor de este país y de su Gobierno, 
muy sinceras felicitaciones. 

Juan José de Herrera. 
A S. E. Sr. D. Andrés Lamas, Ministro de la República. 



Al acuse de recibo, que hice inmediatamente, acompañé el 
oficio reservado que vá á leerse : 
(Reservado). 

Buenos Aires, Setiembre 17 de 1863. 

Señor Ministro : 

En el despacho de esta misma fecha agradeciendo la comuni- 
cación que V. E. se ha dignado hacerme del completo triunfo 
obtenido por las armas del Gobierno en el dia de ayer, me per- 
mito considerar ese triunfo como el precursor de la paz. 

Abora permítame también V. E. que reservadamente y con la 
ingenuidad con que me he propuesto hacer conocer de Y. E. 
todos mis pensamientos en las diversas faces que presente la 
desgraciada lucha que vuelve á comprometer la existencia de 
nuestra patria, le manifieste que el momento en que se restable- 
ce la superioridad de las armas del Gobierno, es momento opor- 
tuno para llamar á los orientales descarriados al camino del bien 
común, que es el camino de la paz. 

En este momento en que los revolucionarios dan la espalda 
á las armas del Gobierno, el Gobierno levantándose, bien alto, 
sobre todos los rencores y sobre todas las malas pasiones, puede 
hacer con la mayor eficacia un esfuerzo supremo para salvar la 
prosperidad del pais, que está arruinándose, y para impedir que 
los odios y las desgracias que engendran las victorias obtenidas 
en guerra civil pierdan á las nuevas generaciones que ya princi- 
pian á ensangrentarse. 

Me parece que todo podia salvarse por medio del grande acto 
que me tomé la libertad de solicitar por mi nota de 26 de Agosto 
y que solicito de nuevo en este dia en nombre de la victoria. 

Si el grito de victoria de los defensores armados del Gobierno, 
se transforma en los labios del Gobierno en un acto que traiga á 
nuestros partidos á la lucha pacífica bajo el amparo del principio 



— lu- 
de la aiitoridail legal — á que todos deben someterse, pero que d 
lodos debe garantir con igualdad— los sacrificios que acaban de 
hacerse, los dolores porque estamos pasando, esa sangre orien- 
tal dolorosamente derramada, serán fecundas para la existencia 
y la prosperidad de la República. 

De otro modo, señor, todo será inútil. 

Le daremos al país tregua, pero no paz ; y sin paz, sin la 
verdadera paz, nuestros hijos no tendrán mas que lo que nosotros 
hemos tenido. ¡ Y cuan triste es loque nosotros hemos tenido! 

Perdone V. E. mi insistencia, pero obro por convicciones pro- 
fundas á que no me es posible resistir. 

Reitero á V. E. las protestas de mi respeto. 

Andrés Lamas. 

A S. E. elSr. 1). Juan José de Herrera, Ministro de Relacionéis 
¡'exteriores de la República. 



Sobrevinieron en estos días graves complicaciones internacio- 
nales que pusieron en peligro la paz de todo el Rio de la Plata. 

El Brasil, cuyo apoyo reclamaba el Gobierno Oriental contra 
Buenos Aires por la protección que daba á la revolución orien- 
tal, se habia alarmado y resuello la misión que confió al distin- 
guido Sr. Loureiro. 

Las dificultades entre los dos Gobiernos del Rio de la Plata se 
aumentaban y se exacerbaban por la incomprensible indiscreción 
con que el Gobierno del Paraguay comunicaba oficialmente al 
Argentino varias notas del Gobierno Oriental que aquel consi- 
deró como ofensivas de su honor. 

Y muy poco mas tarde esta desinteligencia se agravó aun mas 
por la casi -evidencia (luego evidencia) de que se traia entre ma- 
nos un proyecto de segregación de las Provincias de Entre Rios y 
de Corrientes y de que se ofrecia al Paraguay, bajo cuyos altos 
auspicios se colocaba esta poli tica, la posesión déla Isla de Mar- 
tin Garcia. 



~ íí - 

Existían las montoneras del General Peñaloza y la agitación 
principiaba á hacerse visible en Entre Rios. 

Todo esto se eslabonaba en las manos de los que para curar 
una guerra civil local y que podia curarse con solo entrar de bue- 
na fé en el único camino de salud, que es el de la coexistencia le- 
gal y la sucesión regular délos partidos, querían encender varias 
guerras, sin apercibirse, en la ceguedad de la pasión, de que ellas 
nos serian funestas bajo varios aspectos, aun bajo el de la Inde- 
pendencia cuyo mas serio peligro es, entre nosotros, como en 
otras Repúblicas Americanas, esta situación revolucionaria, casi- 
permanente, que entorpece el crecimiento de estos paises, tan 
bien dotados por la naturaleza, y que perjudica frecuentemente 
á la población y á los capitales estranjeros. 

Sin conjurar esta tormenta que se alzaba por todo el horizon- 
te de estos paises, cualquier tentativa de arreglo de familia era 
imposible. 

Al encaminarse el Sr. Loureiro á Buenos Aires, se me dio orden 
para hacer reclamaciones que conduelan á una ruptura formal 
con el Gobierno Argentino; y esta ruptura hecha al amparo de la 
sombra de la misión Brasilera, iba, por esa y otras circunstancias, á 
crear serias dificultades entre ella y el Gobierno Argentino. 

La misión que yo habia aceptado era de paz y de paz para todos. 

Representé, pues, en el interés de la paz ; luché por la paz en 
los Consejos del Gobierno demostrando que la reclamación, tal 
como se mandaba hacer, no tendría otro resultado que el acabar de- 
anegar en sangre á nuc^íro desgraciado pais{pa\shTa,s de 24 de Se- 
tiembre). 

Aprovechando la disolución del Ministerio, me dirijí directamen- 
te al Sr. Presidente Berro proponiendo mis ideas sobre un arreglo 
posible y útil. El Sr. Berro las aceptó y el Ministerio reorganizado 
(12 de Octubre) tuvo que aceptarlas á su vez. 

Asi autorizado di el gran paso en medi o de la algazara de los pro- 
nunciamientos de los gefesdc Entre-Rios. 

De ahí nació el Protocolo de 20 de Octubre. 



— 12 — 



Los siguientes son los documentos: 



Núm. 33. 



Misión Confidencial de lal 
República Uiiental del- 
Uruguay. ) 



Señor Ministro 



Buenos Aires, Ocfubro 16 de 186:1. 



Habiendo tomado la responsabilidad de suspender las reclama- 
ciones que tuve órdenes para presentar al Gobierno Argentino, 
y después de recibir las que solicitó para prescindir de discusio- 
nes, siempre desagradables, y entrar de buena fé, en un aveni- 
miento amigable que restableciese, en el interés de la paz del Rio 
de la Plata, las buenas relaciones de los dos paises bajo la base 
de la mas sincera y recíproca neutralidad, como el Gobierno de 
V. E. estaba dispuesto á hacerlo, según lo entendí y lo aseguré 
al mió, lleno el deber de someter oficialmente á la consideración 
de V. E. el adjunto proyecto de Protocolo. 

Espero que el Gobierno Argentino solo encontrará en él, des- 
pués de los términos ya privadamente indicados para la mutua 
satisfacción de los dos Gobiernos, la simple enumeración de los 
sanos é incontestables principios del derecho de gentes, cuya 
aplicación constituirá una neutralidad seria y leal, cual convie- 
ne al honor y á los mas vitales intereses de estos paises. 

Fuera de la aplicación, bona ñde, de esos principios no existi- 
tirá la neutralidad. 

Y fuera de la neutralidad, asi entendida, de cada una de estas 
Repúblicas en las disenciones internas de la otra, no existirá entre 
ellas, jamas, ni la verdadera paz, ni la verdadera amistad. 

Presento á Y. E., señor Ministro, con la mas profunda convic- 
ción, una tabla de salvación para estos atormentados paises. 

Si no nos asimos de ella sincera y enérgicamente y pronta- 
mente, la guerra civil va á devorar de nuevo á estos paises; 
estos paises van á convertirse en tierras de filibusteros. 

Mi Gobierno quiere la paz ; y la paz no tiene para él mas con- 
dición que la de la práctica de los principios del derecho de 
gentes. 



— 13 — 

No pide nada que no dé. 

Esta propuesta, en cslos momentos, caracterizará definitiva é 
inequívocamente su política de paz. 

La contestación de V. E. caracterizará la del Gobierno Argen- 
tino. 

Gomo el asunto es por su naturaleza urjente, permítame 
V. E. declararle que estoy todos los dias y á todas horas á las 
órdenes de V. E. 

Tengo el honor de reiterar á V E. las seguridades de mi mas 
alta y distinguida consideración. 

Andrés Lamas. 

A S. E. el Dr. D. Rufino de Elizalde, Ministro de Relaciones 
Exteriores de la República Argentitía. 



PROTOCOLO. 



Tomando en consideración la situación en que se encuentran 
sus respectivos Gobiernos. 

Reconociendo que las compKcaciones que han surjido y que 
pueden causar grandes conflictos provienen principalmente de la 
manera de apreciar los medios que deben emplearse para ejecu- 
tar los deberes y ejercer los derechos de la neutralidad. 

Siendo algunos de estos deberes imperfectos y en parte de- 
pendientes en su modo de aplicación de circunstancias especiales 
procedentes de la posición geográfica y de los antecedentes his- 
tóricos de los respectivos países. 

No pudiendo los Gobiernos separarse de la obligación de ha- 
cer observar la mas estricta neutralidad á sus ciudadanos y ha- 
bitantes de sus territorios, sin esponer á serios peligros la paz 
que desean por todos medios conservar. 

Firmemente resueltos á evitar tales peligros por todas las me- 
didas que corresponde tomarse en los casos en que contra la 
voluntad y la política de los Gobiernos, los ciudadanos y ha- 



— 14 — 

Litantes de los respectivus países practicaspii 6 iiileiUasen [Wdc- 
ticar actos contrarios á la neutralidad. 

Y teniendo el sincero deseo de remover las diíicuitades en que 
se encuentran y evitar que surjan otras, los abajo Armados de- 
bidamente autorizados por sus respectivos (lobiernos, convinie- 
ron en protocolizar y firmar los siguientes acuerdos: 

1° El Gobierno Argentino se dápor satisfecho con la declara- 
ción previa y espontáneamente hecha de que en ios documentos 
del Gobierno Oriental no se ha puesto en cuestión el honor del 
Gobierno Argentino, visto que las aseveraciones que en ellos se 
contienen nac'en esclusivamente de la divergencia en que se en- 
contraron los dos Gobiernos respecto á la intehgencia práctica 
de los medios que deben emplearse para ejecutar los deberes y 
ejercer los derechos de la neutralidad. 

2° El Gobierno Oriental se dá igualmente por satisfecho con 
la seguridad de que el Gobierno Argentino no se rehusa á en- 
tenderse amigablemente sobre las medidas eficaces que deben 
emplearse para hacer cumplir á los ciudadanos y habitantes del 
territorio Argentino con los deberes de la mas estricta neutrali- 
dad en los negocios domésticos Orientales. 

3° Estando definidos los deberes y derechos de la neutralidad 
por los principios de derecho de gentes, y por las leyes de sus 
respectivos países, ambos Gobiernos creen innecesarios definir- 
los en este documento, en el que juzgan bastante dejar consig- 
nada la firme resolución de no omitir ninguno de los medios 
legales que ásu alcance estuviesen, para que los emigrados polí- 
ticos se conserven completamente tranquilos é inofensivos en el 
país que los asila, y para que los ciudadanos y los habitantes de 
sus respectivos territorios respeten y cumplan positivamente co- 
mo les corresponde hacerlo, todos los deberes de la neutralidad 
declarada por sus Gobiernos, en la que está empeñado, portal 
declaración, el honor y la paz de sus países. 

Y aunque las esplicaciones tenidas en esta ocasión les dan la 
muy fundada esperanza de que no ocurra ulterior divergencia so- 
bre las medidas que deben tomarse en los casos que ocurran de 
actos de los ciudadanos y habitantes de sus territorios por los 
cuales se violase ó intentase violar la neutralidad, en testimonio 
de su respeto al derecho y del deseo de conservar la verdadera 



paz que tiene por base y por garantía el respeto del derecho, con- 
vienen desde ahora ambos Gobiernos en que si surgiera entre 
ellos algún desacuerdo sobre las medidas que deban tomarse so- 
meterán la decisión del caso al arbitrage de un gobierno amigo. 
Y reconociendo la conveniencia de establecer doctrina uniforme 
entre todos los limítrofes, acuerdan también que no sufriendo 
alteración las buenas relaciones felizmente existentes en la actua- 
lidad con el Brasil, no teniendo en ello inconveniente ambos Go- 
biernos, se diferirá la decisión del punto en cuestiona S. M. el 
Emperador del Brasil por acuerdo que se tomará en cada caso 
y si S. M. en cada uno de ellos, se digna aceptar el encargo. 
4° Por medio de la respectiva aprobación de estos acuerdos, 
se dan por resueltas todas las reclamaciones de los dos Gobier- 
nos por sucesos ó actos relativos á la neutralidad anteriores á 
este día, y restablecidas las mas amigables y fraternales rela- 
ciones entre ellos. 

Hecho y Armado en Buenos Aires, á -20 de Octubre de 1863, 
Rufino de P]lizalde. Andrés Lamas. 



N" G' 



Misión Confidencial pn la 



República Argentina. S 



Buenos Aires, Üctui)rp 21 de I8G3 



A S. E. el Si'. Dr. D. Juan José de Herrera, Ministro de Rela- 
ciones Exteriores. 



Señor Ministro : 

En el día 16, cuando mas oscurecido se mostraba el horizonte 
político del Rio de la Plata, me pareció que había llegado el 
momento de romper enérjica y decididamente con la conmistión 
de las guerras civiles de estos países, sacrificando en aras de los 



— 16 - 

grandes y durables intereses de la paz, las conveniencias mo- 
mentáneas á que aquella conmistión podia servir. 

En ese concepto, y usando de las autorizaciones que me con- 
feria la aprobación que se sirvió dar el Gobierno por el Despa- 
cho de V. E. de 12 del corriente á las ideas que tuve el honor 
de someter á su alta consideración, diriji al Gobierno Argentino 
la nota cuya copia acompaño. 

Por esa nota sacrificábamos, en efecto, las ventajas transito- 
rias que podian resultar de a];iimar ó auxiliar revoluciones en el 
litoral Argentino, y sacrificábamos nuestras reclamaciones, que- 
jas y recriminaciones justísimas ; pero en cambio, hacíamos para 
el presente y para el porvenir buena y honrada política sirvien- 
do los intereses permanentes de la paz y de la autonomía de 
estas Repúblicas. 

Me lisongea la fundada esperanza de que en ello interpreté bien 
las autorizaciones del Gobierno. 

Debóle al Argentino la justicia de declarar aquí que encontré 
en él la mas benévola é inteligente correspondencia á nuestras 
buenas disposiciones. 

El también tenia reclamaciones, quejas, recriminaciones qué 
hacernos. Las puso de parte, sin trepidar. 

Por estos simples actos, estas dos Repúblicas, cuyas relaciones 
estaban en tan deplorable situación que casi no se veía medio de 
evitar un rompimiento inmediato, se colocaron en condiciones 
de paz. 

Con tan recíprocas felices disposiciones, la negociación de las 
condiciones para restablecer y garantir las buenas relaciones de 
los dos Gobiernos, era facilísima, y lo fué. 

Asentado que la base y la garantía de la verdadera paz es el 
respeto del derecho, y declarado que cada uno de estos Países 
será neutral en las perturbaciones domésticas del otro, la nego- 
ciación estaba concluida al principiar. 

Reconocido que ambos Gobiernos deben tomar medidas efica- 
ces para que los emigrados políticos se conserven completamen- 
te tranquilóse inofensivos en el País que los asila, y para que los 
ciudadanos y habitantes de sus respectivos territorios respeten y 
cumplan positivamente los deberes de la neutralidad declarada 



/ — 



por sus Gobiernos, solo podía temerse ulterior divcrjencia so])ie 
los medios prácticos de ejecuíarcsas obligaciones. 

Para este caso, se ha adoptado el medio del arbitraje de un Go- 
bierno amigo ; y por la adopción de ese medio, — que considero un 
verdadero y muy importante progreso para la paz y la civiliza- 
ción de estos paises, — todo conflicto material futuro está preveni- 
do, tanto como es humanamente posible. 

Ese progreso es inmenso, Señor. La fuerza material, los medios 
violentos, no pueden darnos en la política estorior entre estos 
dos paises, ni en su vida interior, mas que el predominio del 
elemento bárbaro, o el predominio estrangero. 

El arbitraje internacional es la sumisión al derecho ; y el dere- 
cho es el elemento y la fuerza de la civilización. 

La conveniencia de que en los paises limitrofes exista unifor- 
midad de doctrina, es obvia; y ella ha sido atendida como afor- 
tunadamente podia serlopor las altas condiciones de imparciali- 
dad que reúne S.M. el Emperador del Brasil. 

Elevando al superior conocimiento de V. E. el Protocolo que 
contiene los acuerdos que, con arreglo á las bases que dejo li- 
geramente indicadas, he tenido el honor de firmar con el Exmo. 
Sr. Ministro de Pielaciones Exteriores de la República Argentina, 
espero que ellos merecerán la aprobación del Gobierno de la Re- 
pública, que respetuosamente solicito. 

Tengo el honor de reiterar á Y. E. las protestas de mi respeto. 

Andrés Lamas. 



El envío del Protocolo que ponia término á las complicaciones 
exteriores, fué acompañado de la siguiente nota sobre la política 
interna. 

Núm. 68. 

Misión Coníldeiiiiall 
en la Repúblit-a^ 
Argentina. ) 

("r e ser vado} . 

Buf-nos Aires, Oetubre 2:! de iSd",. 

Señor Ministro : 
Por las notas reservadas que tuve el honor de dirigir á V. E, 



— 18 — 

on 56 de Agosto y 17 de Setiembre ppdo. le manifesté con la 
lealtad que me es propia, la profunda convicción en que estoy 
de que los mas altos intereses del pais — que son los únicos 
que me preocupan — exigen que se ponga breve término á la guer- 
ra civil por actos que hagan posible la reconciliación de la fa- 
milia Oriental, salvando, como se debe y se puede, el principio de 
autoridad legal. 

El inminente peligro en que se encontró la paz internacional 
de estas Repúblicas me impuso el deber de no insistir en la 
inmediata consideración de las resoluciones personales que en 
aquellas notas manifesté. 

Pero hoy que aquel peligro desaparece por medio del arreglo 
que acabo de firmar con el Gobierno Argentino, suplico áV.E. 
me permita reproducir por medio de la presente mis dichas 
notas de 26 de Agosto y 17 de Setiembre, y solicitar que el 
Gobierno de la Pieitública se digne tomarlas en consideración. 

Tengo el honor de reiterar á V. E. las protestas de mi res- 
peto. 

Andrés Lamas. 

A S. E.elSr. Dr. D. Juan José de Herrera, Ministro de Rela- 
ciones Exteriores. 



íilegado el Protocolo de 20 de Octubre á Montevideo, el Minis- 
tro me hizo sabor particularmente que el Gobierno lo aprobaba. 

Igual y mas formal seguridad se dio por el mismo Ministro á 
la Legación Imperial en Montevideo ; y á virtud de esa seguri- 
dad, dando el acto por consumado, el Sr. Loureiro así lo comu- 
nicó á su Corte. 

Teníamos, pues — 

— Evitada toda desinteligencia entre el Gobierno Imperial 
y el Argentino y alejada la probabilidad (h una intervención 
Brasilera— 



— 19 — 

— Restablecida la buena inteligencia entre los Gobiernos Argen- 
tino y Oriental — 

— Reconocidos y establecidos los principios de una neutralidad 
eficaz, cuya práctica evitarla en el presente y en el porvenir uno 
de los mas evidentes peligros que amenazan el bien-estar y la 
independencia recíproca de estas nacionalidades — la conmistión 
cíe sus guerras civiles — 

— Asegurado igual beneficio por parte del Rrasil, pues el 
Gobierno Imperial no podia dejar de practicar los principios en 
que se fundasen las decisiones arbitrales de su Augusto Gefe. 

Hablamos hecho una conquista inmensa en favor de la paz 
y de la civilización de estos países, en el establecimiento del 
arbitrage como medio de dirimir las desinteligencias interna- 
cionales. 

Esta conquista era especialmente inmensa para el Estado 
Oriental, el mas débil de estos Estados. 

El Brasil no habría dejado de prestar su asentimiento al prin- 
cipio establecido con la República Argentina. 

Y admitido ese principio, el Estado Oriental podia hacer va- 
ler sus derechos con entera libertad sin riesgo de complicación 
internacional que afectase su paz. 

La coacción moral y material que puede imponer el riesgo de 
im conflicto con la fuerza material superior, quedaba suprimida. 

— Y, finalmente, haljiamos conseguido que la República Ar- 
gentina y el Brasil pudieran uniformar su política respecto al 
Estado Oriental. 

Nuestro rol internacional nos lleva á buscar el apoyo del 
Brasil cuando el peligro que nos amenaza viene de parte de la 
República Argentina ; y vice-versa á buscar el apoyo de la Re- 
pública Argentina cuando el peligro viene del Brasil. 

Pero esto trae de suyo sus dificultades en las rivalidades 
que engendra y que siempre son mas ó menos esplotadas, y 
en los sacrificios que tales apoyos suelen imponer. 

Lejos de fomentar esas rivalidades el Estado intermedio, y 
relativamente débil, debe empeñarse en extinguirlas y en con- 
currir á que sus dos limítrofes vivan en la mas cordial inte- 
ligencia. 

Esta es la mas sólida garantía de nuestra paz y do nuestra 



— 20 — 

verdadera independencia, porque el Brasil y la República Ar- 
gentina no pueden estar de acuerdo respecto al Estado Oriental 
sino bajo la base de la independencia perfecta y absoluta de aquel 
Estado. 

Cuanto mas íntimas y mas sinceras sean las buenas relaciones 
de la República Argentina y del Brasil, tanto mejor para el Es- 
tado Oriental, porque tanto mas sólida es la garantía que en 
ellas encontrará nuestra autonomía y nuestro bienestar. 

El Protocolo de 20 de Octubre y la buena inteligencia resta- 
blecida por la misma misión del Sr. Loureiro que, desempeñada 
con menos prudencia y menos inteligencia, habria acabado de 
perturbarlas, nos daba, por la primera vez, la ocasión de contar 
con la acción benéfn'a del Brasil y de la República Argentina, 
unidas cordialmentc en el bien entendido interés de todos, que 
es el interés de la paz. 

Contando, como dcbia contar, y como, en ningún caso podia 
dejar de contar, con la aprobación del Protocolo, traté, desde 
luego, de que dedujéramos una de sus mas saludables conse- 
cuencias, poniendo al servicio de la paz interna del Estado Orien- 
tal, — déla reconciliación fraternal de los Orientales, — la acción 
unida de la República Argentina y del Brasil. 

Para este santo objeto me dirijí al Gobierno Argentino y al 
Ministro del Brasil y me esforcé en hacer aceptar la idea de un 
segundo Protocolo en que se estableciesen las bases de la pacifi- 
cación interior de mi Pais, 

Redacté con ese fin un proyecto, que todavía hoy existe, en 
mi mismo borrador, en poder del Gobierno Argentino. 

Este Gobierno aceptaba el pensamiento y elSr. Loureiro se pres- 
taba á referirlo á su Gobierno. 

Pero en los precisos momentos en que acababa de partir para 
Rio de Janeiro el aviso de la aprobación del Protocolo de 20 de 
Octubre (lo que dio lugar á que S. M. el Emperador fuese instrui- 
do déla designación hecha y manifestase que la aceptarla, dando 
asi una nueva prueba de su tan natural deseo de ver restablecida 
la paz en el Rio déla Plata) y cuando mas me lisonjeaba la espe- 
ranzado que se ejercitarla la acción de todos con el objeto de re- 
conciliará los Orientales y de asegurar la paz interna de nuestro 
pais, llegaron á Montevideo las comunicaciones en que el Sr. Mi- 



— Mi- 
nistro Lapido daba cuenta de lus buenos resultados que princi- 
piaba á obtener su misión cerca del Gobierno del Paraguay, y de la 
promesa que habia becho de que en lodo arreglo se le daria al 
Presidente del Paraguay ¡a jmrtc mas honrosa y espectable en 
relación d todos los demás Gobiernos! 

El Gobierno Oriental pretendió entonces que á la par del 
Emperador del Brasil, se designara como arbitro al Presidente 
del Paraguay. 

Además de que, como lo dije privadamente al Ministro, el 
arbitrage del Paraguay sobre las cuestiones que podian ocurrir 
entre pueblos libres equivalía á que los pueblos libres fueran á 
buscar el verbo del derecho en la China, tal pretcnsión equiva- 
lía de hecho á la anulación del Protocolo y desús incuestionables 
é importantes beneficios. 

En nota de 4 de Noviembre de 1863 dije al Gobierno Oriental: 

(c El Gobierno Argentino piensa que en los acuerdos celebra- 
« dos ha dado irrecusables pruebas de su deseo de paz y de en- 
« trar en cordiales relaciones con el Gobierno Oriental, al mis- 
« mo tiempo que ha demostrado su resolución de hacer buena 
« y sincera neutralidad sometiéndose en todos los casos dudo- 
« sos á la decisión de un arbitro intachable por todas sus emi- 
u nentes dotes personales. 

« Que la designación previa del arbitro importa una distinción 
« que no puede ser justificada sino por motivo muy especial, y 
« que ese motivo solo se encuentra en el r]mperador díd Bra- 
« sil por ser Gefe del único Estado que es limítrofe común de 
« las dos partes que celebran el Acuerdo, y á las cuales con- 
« viene que exista uniformidad de doctrina sóbrelas dos fron- 
« teras de la República de cuyas perturbaciones se trata. 

« Que fuera de esa situación esce[)CÍonal, y que por escepcional 
« justifica la designación hecha, la distinción previa seria mc- 
« ramente [lersonal é indicarla un juicio de superioridad ó de 
« [¡referencia en que el Gobierno Argentino no cree conveniente 
« comprometerse, sin que esta reserva, que es debida á los Ge- 
« fes de los otros Estados vecinos ó amigos, indique su falta de 
« consideración por el Presidente del Paraguay ni desconocí 
« miento do sus distinguidas cualidades. 

« Últimamente, que es tan delicada esta materia que no juzg 



'>9 



« que el Gobierno Oriental tenga el derecho de colocarlo en la 
« situación ni aun de dar esas razones, y que la declinará decla- 
« rando simplemente que su aprobación del Protocolo de 20 de 
'c Octubre es ya un acto consumado y que no cree propio ni vé 
(( motivo serio para reconsiderar: que no puede canjear esa su 
« aprobación absoluta por una aprobación condicional, y que, 
i( por consecuencia, toda aprobación dependiente de enmiendas 
« ó ampliaciones, equivaldrá para él, de hecho, á una desaproba- 
« cion que inutiliza, por acto del Gobierno Oriental, los acuerdos 
« internacionales del 20 de Octubre y restablece el estado en que 
« se encontraban las relaciones de los dos Gobiernos antes de 
« ese dia » . 

En la misma nota manifesté todo lo que tenia de inconvenien- 
te el desaire que, sin pretesto plausible siquiera, y faltando á la 
seguridad de la aprobación del Protocolo dada á la Legación Im- 
perial en Montevideo, Íbamos á inferir al Emperador del Brasil— 
y comuniqué que el señor Ministro Loureiro me habia declarado 
el profundo disgusto con que veia que volviéramos á poner en 
peligro la paz de estos países dificultando la aprobación de un 
acto que al mismo tiempo que nos daba la seguridad de obtener, 
sin compromiso de la paz, una neutralidad mucho mas eficaz 
por parte del Gobierno Argentino, iba, sin duda, á tener grande 
y benéfica influencia para nosotros en los consejos del Gobierno 
Imperial. 

Observé — que el Protocolo era acto consumado y anterior álos 
actos del Paraguay y á la promesa verbal del Ministro Oriental en 
la Asunción : 

Oue hacer, por el único motivo de ofrecerle al Paraguay una 
distinción, por merecida que fuese, el sacrificio del grande resul- 
tado obtenido, no solo era injustificable ante los grandes intere- 
ses de la paz general y ante los intereses peculiares del Estado 
Oriental, que se encontraban ya tan comprometidos, sino que 
seria contrario al noble objeto que se le debia suponer al Para- 
guay: 

Que, por último, para manifestar al Paraguay nuestra gratitud 
y nuestra confianza no era indispensable hacer en aras del justo 
amor propio del Gefe de ese Estado, el sacrificio cruento de la 
paz internacional de esta República ; que otros medios habia, y 



muchos, de hacer aquelia manifestación, sin relruceder en el ca- 
mino de la paz; que avanzando en ese camino, después de afir- 
mar el pié en el Protocolo de 20 de Octubre, podia esmerarse 
el Gobierno Oriental en dar al Paraguay, en las ullerioridades 
de esf acto, una posición realmente espectable, que era lo mas 
que el Paraguay podia esperar y lo mas que el Gobierno Oriental 
podia razonablemente hacer. 

Goncluia mi citada nota de 4 de Noviembre en los siguientes 
términos : 

« Y. E. m.e dará licencia para decir que, en todo caso, me pa- 
recía un poco aventurado el compromiso, de dar al Paraguay, que 
ni por su posición geográfica ni por la índole y estado de su or- 
ganización social y pohtica, puede ejercer, al menos por aho- 
ra, una acción directa y que pese materialmente en las cues- 
tiones que aqui debatimos por las armas, y darle en concur- 
rencia con otros Estados, que están en bien diversas condicio- 
nes, y cuya acción también hemos provocado, la parte mas hon- 
rosa y espectable en relación d los demás Gobiernos que se han 
interesado en nuestra paz. 
« Pero aunque yo esté equivocado en el juicio que formo de 

ese compromiso, él solo podia referirse, y se refiere, á una so- 
lución futura. 

« ¿Cómo, porqué, dar efecto retroactivo al compromiso, po- 
ner en cuestión la solución obtenida, deshacer la paz, traer de 
nuevo la mala situación pasada ? 

« Nos puede ser permitido, puede exijírsenos, que volvamos á 
levantar la dificultad solo para dar al Paraguay una posición 
espectable, que eclipse la délos otros Gobiernos, en la nueva 
composición de esa dificultad? 

<c Por acaso — ;, hemos dejado de desear ardientemente la paz, 
puede entibiarse nuestro amor por ese bien supremo, por ese 
bien que encierra — él solo — el raudal de la civilización, de la 
libertad y déla riqueza de estos países, — porque podemos te- 
ner al Paraguay por aliado parala guerra?.... 
« Señor! — Tratamos de la paz ó de la guerra — Tratamos de evi- 
tar que la guerra estrangera venga á mezclarse á la guerra in- 
testina que nos está devorando — que nos devora, enteros, sino 
la detenemos pronto. 



~ :¿i — 

(( El Paraguay está lejos, Señor: el Paraguay dificilmente 
(( mandará sus ejérciíos á aspirar el aire y á beber las aguas del 
« Rio de la Plata 

« Entretanto, por satisfacer el amor-propio— nada mas que 
« el amor-propio — del Paraguay estamos en riesgo de atraernos 
(( la guerra. 

« Creo, sinceramente, que ella no está ni en los intereses ni 
(c en los deseos del General Mitre. El, sinduda, deséala paz tan- 
« tocomo yo, que es cuanto puede decirse — 

« El protocolo de 20 de Octubre es una garaníia de paz. 

« Ñola debilitemos, — sobretodo, no la repudiemos. 

(( Aprobado el Protocolo, pura y simplemente, medio tendre- 
« mos de hacer acto, y bien espectable, de amistad, de confianza 
« y aun de agradecimiento por el Paraguay. 

« Asi nos aseguraremos de que la guerra estrangera no irá á 
c( aumentar los horrores de una guerra intestina. 

« Si no, ella viene; y viene, perdiendo nosotros^ por el empe- 
ce ño de satisfacer el amor-propio del gefe del Paraguay igualan- 
ce dolo al Emperador del Brasil, en un acto en que el Brasil, y 
(( no él, ha ejercido influencia, la simpatía de esa Potencia co- 
(( fundadora de nuestra independencia, limítrofe nuestra, amiga 
(( y aliada que puede pesar eficazmente, como ya ha pesado, en 
« nuestros destinos. y> — 

Todo fué inútil — 

Todavía no puedo volver del asombro con que vi definitiva- 
mente sacrificado el protocolo de 20 de Octubre — 

Por ese sacrificio, nos conservamos en desinteligencia con el 
Gobierno Argentino. 

— Renunciamos auna neutralidad convencional eficaz y definida. 

—Nos enajenamos la simpatía del Brasil — 

— Y — lo que parece increíble — nos resignamos á abandonar 
nuestra mas importante conquista— la del arbitraje como medio 
de dirimir los conflictos internacionales. 

Por fin, nos privamos del concurso benéfico de la acción unida 
de la República Argentina y del Brasil, para apagar, tan pronta- 
mente como nos convenia, la guerra intestina — 

Y tamaños sacrificios fueron hechos en arar, del amor-propio 
personal del Presidente del Paraguay! 



— 25 — 

Las consecuencias fueron inmediatas — continuó la guerra ci- 
vil — La interdicción del uso bélico de nuestras aguas del Uruguay 
vino á debilitar la acción del Gobierno Oriental — y las relaciones de 
este Gobierno con el del Brasil tomaron, poco apoco, otro carácter — 

El oriente de nuestra política se colocó en el Paraguay; y vuel- 
to hacia allí, esperando de allí la luz y la victoria, la victoria del 
partido, la satisfacción del odio del partido — el Gobierno Oriental 
desafiaba la tormenta que se levantaba y se ennegrecía sobre todas 
sus fronteras fluviales y terrestres. 



II 



1 *^6 4í 



No habiéndose aceptado en términos justos la renuncia que 
hice tan pronto como fué desaprobado el Protocolo de 20 de Octu- 
bre de 1863, quedé, al íin, suspendido del ejercicio de toda fun- 
ción pública ; y lamentando en silencio el camino en que iba 
nuestra política, esperaba la ocasión en que aun pudiera ser útil 
alpais. 

Al anuncio de las dificultades que aparecían de parte del Brasil, 
la primera conveniencia del país era restablecer nuestras buenas 
relaciones con el Gobierno Argentino, nuestro apoyo natural en 
todo conflicto con el Brasil. 

En ese concepto, presté la cooperación que me era dable á los 
nobles esfuerzos que ya habia hecho, y que hacia, el honorable 
Mr. Thornton para restablecerlas relaciones de las dos Repúblicas 
del Plata. 

Esa, como las otras negociaciones, fracasó en Montevideo. 

La misión Sarai va venia y estábamos solos y debilitados por la 
guerra civil. 

No podia rehusar, y no rehusé mi servicio al país desde que se 
trataba de una cuestión esterior. 



— ?8 — 

El Gobierno se dispuso ánomltrarme en misión Diplomática al 
Rio de Janeiro y á Europa. 

Yo admitiaambas misiones pero con ciertas condiciones de opor- 
tunidad, que formulé, definitivamente, en oficio de 7 de Mayo. 

Respecto de la de Europa decia yo — 

« Debo anticiparme á declarar á V. E. que una misión á Eu- 
« ropae?i estos inomeníos, no tendria, á mi juicio, ninguna utili- 
« dad práctica y que justificase lo que tendria de dispendiosa. 

« Por mi parte, creo que de Europa no puede venir el remedio 
« que reclama la actual deplorabilísima situación del país. 

« Lo buscaríamos allí inútilmente; y buscando el remedio que 
« allí no encontraríamos, nos espondriamosá que se juzgase mal 
« de nuestro proyecto y de nuestras aspiraciones, y nos crearía- 
« mos, tal vez, un nuevo peligro. 

« ¿Qué haríamos, qué buscaríamos hoy en Francia? 

« Presentaríamos ante el trono Francés una nueva República 
« Americana desorganizada y devorada por la guerra civil, que le 
« va á pedir ¡mz y orden. 

« Señor! no podemos ni debemos hacer eso. 

« Pacificada la República, cuando tengamos paz y orden interior 
« podemos ir á Europa á buscar por la combinación de nuestro 
« interés con el interés del comercio universal y de la inmigración 
« Europea, las garantías internacionales que nos fahen. 

« Admito, desde ahora, y con sincero agradecimiento, un nom- 
« bramiento para Europa y estoy pronto para contraer el compro- 
« miso de partir en el mismo día en que se restablezca la paz in- 
« ícrior de la República». 

Respecto del Brasil, lamision, que habría sido útil en meses 
anteriores, era inoportuna desde que venia la delSr. Saraiva. 

Por otra parte, en mi opinión, la primera necesidad que nos 
imponíala nueva actitud del Brasil era la. pacificación interior. 

Yo tengo ihmitada confianza — y no puedo dejar detenerla — en 
las intenciones del Gobierno Imperial. 

No creo, ni puedo creer, en ninguno de los planes de política 
tradicional que se le atribuyen. 

Pero yo distingo entre la polüica del Brasil y lo que llam 
aspiraciones peculiares de la Provincia del Rio Grande. 



- 29 - 

En nuestro estado de desorganización crónica, estas aspiracio- 
nes me alarman. 

Varios tratados y Protocolos no han sido mas que medios pa- 
ra evitar ó disminuir el peligro de que esas aspiraciones se tra- 
dujeren en actos que comprometiesen la paz y empeorasen nues- 
tra situación. 

Es preciso tomarlas cosas como las cosas son, como las han 
hecho los tiempos y las revoluciones — / las revoluciones ! madres 
fecundas de todos los menoscabos y dificultades con que hemos 
luchado, con que hemos de luchar ! 

Y tomarlas tales como son para buscarles remedio ; y el reme- 
dio no está ni en las agitaciones, ni en las irritaciones. Al con- 
trario estas exacerban y empeoran. 

La 'paz es el remedio heroico de todos nuestros males, por- 
que la paz es la que desarrollará nuestro poder nacional. 

Paz — tiempo — prudencia para esperar los beneficios de la paz 
y del tiempo, esos son los marcos miliarios de nuestra buena 
política nacional. 

Siempre temí que la falta de prudencia, los desahogos impo- 
tentes, ese malestar que producen nuestras discordias civiles y 
los daños que ellas infieren á las personas y á las propiedades, 
nos trajeran un conflicto armado con los Rio-Grandeses á quie- 
nes, en verdad, perjudican mucho nuestras discordias. 

Si el confiicto armado venia, aquellas aspiraciones á que me 
referí, y que estaban dominadas por la pohtica Imperial, podían 
aprovechar los resultados del conflicto. 

Yo veía una parte, aunque pe jueña, de la población brasilera 
en armas en las filas del General Flores — el resto, la Provincia 
entera de Pao Grande, agitada seriamente — y el Gobierno Impe- 
rial en la necesidad de atender y de calmar esa agitación. 

La cuestión no estaba en la mas, ó menos justicia de las recla- 
maciones que cubrían el espedient^^ diplomático. 

Para mí la cuestión era, pura y netamente, la siguiente : 

« El Gobierno Imperial necesita nuestra paz para mantener la 
paz de Rio Grande.» 

Las discusiones académicas do las cuestiones de derecho, se me 
figuraban las disertaciones en que se entretenían los sofistas 
griegos cuando las armas les golpeaban las puertas de la ciudad. 



— 30 — 

La necesidad del Gobierno Imperial se armonizaba con la de 
nuestro país. Era la misma. 

Podiamos entendernos cordialmente con él y una vez entendi- 
dos, todo peligro estaba conjurado. 

En esa convicción fui á Montevideo. 

El señor Consejero Saraiva, estadista tan notable por su inte- 
ligencia como por la rectitud de su carácter, declaró, desde lue- 
go, que nuestra paz interna lo simplificaba y allanaba todo. 

Se asoció, pues, al propósito que inspiraba la misión, nobi- 
lísima, del Ministro de la República Argentina, y la del digno 
representante de Inglaterra el honorable Mr. Thornton. 

Vencidas las dificultades que encontramos en Montevideo nos 
trasladamos al campo del General Flores y en breves horas la 
paz quedó firmada. 

Son conocidísimos los documentos, pero debo conservarlos 
aquí : 



San José, Junio 19 de 186-4. 



Señor Ministro : 

Ayer nos trasladamos desde Escudero á las Puntas del Rosa- 
rio, donde ya se encontraban los Exmos. Sres. Ministros Dr. Eli- 
zalde y Thornton, que, como Y. E. ya lo sabe, nos habían prece- 
dido al campo del General Flores. 

El General Flores, acompañado de varios de sus Gefes y Ofi- 
ciales, vino á recibirnos á alguna distancia de la casa en que de- 
bíamos reunimos y nos acompañó hasta ella. 

Allí fuimos informados por los señores Elizalde y Thornton de 
que por resultado de las conferencias que hablan tenido con el 
General Flores estaban convencidos de que se malograría la bue- 
na disposición en que ya se encontraba dicho General para reco- 
nocer y acatar la autoridad del Exmo. Sr. Presidente de la Repú- 
blica D. Atanacio C. Aguirre si nosotros desempeñábamos di- 
rectamente y en la forma en que Íbamos á hacerlo la Comisión 
de que estábamos encargados. 

En consecuencia, é invocando los grandes intereses ligados á 



— 31 — 

la inmediata pacificación de este pais, nos [lidieron que accedié- 
semos á tomar en consideración las indicaciones que ellos, en 
unión con el Exmo. Sr. Saraiva, y después de conferenciar con 
el General Flores y con nosotros, estaban dispuestos á ofre- 
cernos. 

Persuadidos, por todo lo que oiamos, de que esc seria, en efec- 
to, el medio mas fácil y seguro de llegar al grande objeto de 
nuestra comisión y no debiendo tomaren esta circunstancia im- 
prevista la responsabilidad, sin duda muy grave, de sacrificar y 
ni aun la de subordinar la pacificación del país á cuestiones de 
simple forma, que no perjudicaban ningún principio, prestamos 
el asentimiento quede nosotros se solicitaba por los tres señores 
Ministros. 

Después de conferenciar y de discutir, separadamente, con el 
General Flores y con nosotros, todas las exijencias y todas las sus- 
ceptibilidades que se pusieron en cueslion, los dichos señores 
Ministros nos hicieron las propuestas que, en su mismo original, 
tenemos el honor de elevar al alto conocimiento del Gobierno y 
que contienen el resultado de los nobles esfuerzos de estos caballe- 
ros, á quienes la República debe, en todo caso, los mas profundos 
agradecimientos. 

Apesar de que nosotros reconocíamos que esa propuesta encer- 
raba el reconocimiento del piincipio déla autoridad, auncjue en- 
cerrado en las formas propias de una verdadera reconciliación de 
familia, en la que tan cuidadosamente debe evitarse todo lo que 
en el presente ó en el porvenir pueda mortificar á una parte de 
esa misma familia, cumplimos el deber de declarar, y de la ma- 
nera mas positiva, que nuestras instrucciones no nos permitían 
aceptarla dicha propuesta por la esencia de algunos de sus artí- 
culos y por la forma de todos ellos. 

Admitiendo esta nuestra leal manifestación, nos indicaron 
los Sres. Ministros que nospresláramos á dar nuestra aceptación 
ad-.'cferendum con loque no contraimos, ni aun moralmente, obli- 
gación alguna. 

A esto no debíamos negarnos para dar testimonio de nuestro res- 
peto á los nobles amigos de la paz de esta RepúbHca que firmaban 
la propuesta, — para conservarle al Gobierno entera libertad en 
asunto tan vital, y, si V, E. nos dá licencia para decirlo, para satis- 



— 32 - 

facer nuestra conciencia que nos dice que en esa propuesta 
sanamente entendida y ejecutada sanamente, está la paz. 

Su artículo 1°, borrando el pasado, garante á todos los Orien- 
tales el libre goce y ejercicio de sus derechos civiles y políticos. 

El 2° somete al Poder Ejecutivo las fuerzas del mando del 
General Flores, cuyo desarme se efectuará cuando el Poder Ejecu- 
tivo lo disponga, poniéndose de acuerdo con el citado General 
solo en cuanto al modo. 

El 3", el 4" y el 5", fortalecen, lejos de debilitar, el principio 
de la autoridad, puesto que por ellos se reconoce que los actos 
á que dichos Gobiernos se refieren necesitan la sanción de los 
Poderes Constitucionales del Estado. 

De todos estos artículos, resulta, pues, que el acatamiento de 
la autoridad legal es completo y absoluto ; lo que de ningún 
modo quiere decir que las condiciones de los tres artículos ante- 
riores no puedan ser convenientemente modificadas como algu- 
na debe serlo. 

Por el contrario, la aceptación ad-referendum le ha reservado 
al Gobierno entera libertad de apreciación y de decisión. 

La aceptación del General Flores es simple y completa. 

Si el Gobierno aprueba la obligación del General Flores está 
perfecla. 

Particularmente nos ha manifestado el General Flores sincero 
deseo de paz. 

Hemos recorrido varios departamentos desolados por la seca 
y por la guerra : y que necesitan entregarse inmediatamente á 
repararlos estragos de ese duplo azote ; hemos visto los elemen- 
tos que, sin vencer a la autoridad pueden arruinar al país, pro- 
longando una guerra destructora ; hemos oído los votos de las 
poblaciones conmovidas ante la esperanza de la paz — y nos asiste 
la convicción intimado que el Exmo. Sr. Presidente puede abrir 
una nueva era para esta nuestra amada patria, dándole la paz 
por el solo hecho de reunir a todos los Orientales bajo el amparo 
de una administración que no sea ni haga entre los Orientales 
mas distinción que la que hace la Constitución del Estado, y les 
garanta á todos, sin escepcion, el libre ejercicio de sus legítimos 
derechos. 

Verbalmentetendremos el honor de decir á V. E. los detalles 



— 33 — 

que no caben en esta nota, que cerramos ofreciendo á Y. E. 
las seguridades de nuestra mas alta y respetuosa consideración. 

Andrés Lamas. — Florentino Castellanos. 
A S, E. el Sr. Dr. D. Octavio Lapido, Ministro de Gobierno. 



Los Exmos. Sres. Ministros, de Relaciones Exteriores de la 
República Argentina. Dr. D. Rufino de Elizalde, de S. M. el 
Emperador del Brasil, Dr. D. José Antonio Saraiva, de S. M. B. 
cerca del Gobierno de la República Argentina, D. Eduardo 
Thornton, animados del vivo deseo de ver pacificada la República 
Oriental del Uruguay, se sirvieron indicar las siguientes condi- 
ciones para alcanzar tan importante proposito. 

1* Todos los ciudadanos Orientales quedarán desde esta fecha 
en la plenitud de sus derechos políticos y civiles, cualesquiera 
que hayan sido sus opiniones anteriores. 

2* En consecuencia, el desarme de las fuerzas se hará en el 
modo y forma que el Poder Ejecutivo resuelva, acordando con 
el Brigadier General D, Venancio Flores el modo de practicarlo 
con las fuerzas que están bajo sus órdenes. 

3* Reconocimiento de los grados conferidos por el Brigadier 
General D. Venancio Flores, durante el tiempo de la lucha, de 
aquellos que estuviese en las atribuciones del Poder Ejecutivo 
conferir, y la presentación al Senado por parte del Poder Ejecu- 
tivo de la República, pidiendo autorización para reconocer los 
que necesitaren este requisito por la Constitución de la Repú- 
blica. 

4* Reconocimiento como deuda nacional de todos los gastos 
hechos portas fuerzas del Brigadier General D. Venancio Flores, 
hasta la suma de quinientos mil pesos nacionales. 

5* Las sumas recaudadas por órdenes emanadas del Brigadier 
General D. Venancio Flores, procedentes de contribuciones, 



— 34 — 

patentes, ó cualquier otro impuesto, se considerarán como ingre- 
sadas al Tesoro Nacional. 

Puntas del Rosario, Junio 18 de 1864. 

Rufino de Elizalde — José Antonio 
Saraiva — Eduardo Thorton. 

Acepto. — Venancio Flores. 

Aceptamos ad-referendum. — 

Andrés Lamas. — Florentino Castellanos. 



AlExmo. S. Presidente de la República Oriental del Uruguay. 



Puntas del Rosario, Junio 18 de 1864. 



Señor Presidente : 

Después de haber dado por mi parte las pruebas mas positi- 
vas de mi ardiente anhelo por la pacificación de nuestro pais, 
aceptando las condiciones que me fueron presentadas por los 
Exmos. Sres. Ministros de la República Argentina, Brasil é 
Inglaterra; creo de mi deber hacer presente á V. E. que he 
asentido á esas condiciones, convencido de que V. E. en su 
patriotismo comprenderá que ellas serian estériles y darian 
lugar á nuevas discordias, sino prevaleciese en el ánimo de 
V. E. la idea, que ellas necesitan como garantía de su fiel cum- 
plimiento, la organización de un Ministerio, que segundando la 
política de paz que iniciamos, aquiete los espíritus y prepare el 
camino de llegar ala libre organización de los poderes públicos 
que deben rejir al pais según nuestra Constitución. 

En esta confianza y seguridad en que he sido fortificado por 



— 35 - 

los Exmos. Sres. Ministros que han cooperado á la pacificación 
del pais, que he aceptado con todo patriotismo esas condicio- 
nes, en el concepto de arreglar previamente con Y. E. esa 
garantía, para cuyo fin estoy dispuesto á acudir al lugar y dia 
que Y. E. me designe. 

Soy con este motivo de Y. E. S. A. etc. 

Y^ENAxcio Flores. 



La de un Ministerio que le diese garantías, para sí y para 
sus amigos políticos, me pareció — y creo que era — lamas natu- 
ral de las condiciones del General Flores. 

No podia esperarse que un partido en armas, que no estaba 
vencido, las depusiese y reconociese la autoridad del Presidente 
sin una garantía de esa especie. 

Pero por respeto al principio de autoridad — que sinceramente 
queríamos salvar — esa condición no hizo parte del convenio. 

Yenía en una carta reservada, y que solo el Presidente debía 
conocer. 

Aprobado el convenio, él, en ejercicio de sus prerogativas, 
nombraba el Ministerio de la nueva situación. 

El principio de autoridad quedaba intacto. 

Pero esplícamos bien al Sr. Aguirre que esa condición reserva- 
da, que solo él conocía, era condición .?/;?-? qua non. 

(c SíYd. no acepta esa condición, le dije yo, deseche el conve- 
« nioy asunto concluido. 

« Si Yd. la acepta, puede reservarla para su oportunidad, y 
vamos á vencer las dificultades que ofrezca la aceptación del ar- 
reglo. ■>•> 

En esto no podía caber error. 

El Sr. Aguirre, reservando tacarla bastad»' sus Ministros, colo- 
có en discusión el convenio. 

Después de largas y fatigosas discusiones el convenio fué apro- 
bado con alteraciones que el General Flores acepí aria. 

Pero al tratarse de la ejecución practica, el Sr. Aguinv declaró 



— se- 
que nolmLiadado impo.tanria álararta dol rieneral Flores por 
que no habia entendido que laexijencia relativaal Ministerio fuera 
una condición esencial. 

Se pretendi(3 entonces hacer aparecer aquella exijencia como 
una condición nueva de parte del General Flores y como una 
imposición de los Ministros estrangeros, atentatoria de las pre- 
rogativasdel Gefeclel Estado y de la independencia y de la digni- 
dad nacional. 

Por este medio la paz que lo salvaba todo, hasta el principio de 
autoridad en la continuación del Sr. Aguirre, fué rota por su Go- 
bierno. 

En eldia de ese rompimiento (5 de Julio) elSr. Saraivadióuna 
nueva é incontestable prueba de su sincero deseo de paz y tam- 
bién de la repugnancia con que miraba su Gobierno laestremidad 
de adoptar medidas coercitivas contrae! Estado Oriental. 

Espontáneamente, y en presencia de los Exmos. Sres. Elizalde 
y Thornton, nos autorizó al Sr. Dr. Castellanos y á mi para decir al 
Sr. Aguirre, que prescinchese enhorabuena de la condición del 
General Flores, que no se pusiese de acuerdo con ese gefe, que 
nombrase, por sí solo, un Ministerio compuesto de hombres im- 
parciales, que realmente diesen garantías á todos los partidos; y 
que desde que tal se hiciera, desde que se organizara un Ministe- 
rio de verdadera paz y en el que pudieran depositar todos la nece- 
saria confianza, el Sr. Saraiva, pondría á disposición del Gobierno 
asi organizado, y por acto público inmediato, las fuerzas de mar 
y tierra del Imperio por si ellas le eran necesarias para someter á 
los exaj erados del uno ó del otro partido. 

Esta resolución tan espontánea, tan viril, ponia en plena luz 
el verdadero objeto de la misión Saraiva. 

Nóvenla á hacer imposiciones, — no venia á levantar ni á abatir 
partidos : — venia á apagar el incendio de la casa del vecino porque 
el fuego se comunicaba con su propia casa y esta principiaba á 
arder. 

Consultado sobre personas, indiqué para componer el Ministe- 
rio déla paz á tres de los mas respetables ciudadanos — Dr. D. 
Florentino Castellanos, D. TomasVillalbay D. Juan Miguel Mar- 
tínez. 
Los Sres. Ministros Elizalde, Thornton y Saraiva consideraban 



— 37 — 

que esos señores satisfaciciü las exijeiicias de la situación. 

El Sr. Aguirre declaraba que, ademas de todas sus buenas cua- 
lidades, tenian aquellos señores la de ser amigos personales suyos 
y tanto que áalguno de ellos lo liabia llamado para organizar su 
primer Ministerio. 

Llamados esos señores al Gobierno, elpais estaba salvado. 

Laguerra civil concluía y los dos partidos entraban en el terre- 
no legal. 

En vez de hacernos la guerra, las fuerzas del Brasil quedaban 
converíidas en auxiliares y en garantía de la pacificación. 

Las reclamaciones del Brasil se arreglaban mmediata y satis- 
factoriamente, pues que el Brasil no haljia hecho todavía sacri- 
íicios y encontralja en la paciíicacion inmediata la mayor parte 
de ias garantías que buscaba. 

Y en cuanto á la Re[)ública Argentiníi, cuyo Gobierno habia 
mostrado tanta altura y tanta inteligencia salvando las barre- 
ras de la interrupción de relaciones oficiales, y presentándose en 
Montevideo á iniciar la obra de la paz y á prestarle, como le 
prestó, el mas sincero y activo concurso, las cuestiones pendien- 
tes entre los dos países quedaban resueltas en breves palabras 
ya convenidas por mí con el Sr. Dr. Elizalde. Ueconciliados los 
orientales, argentinos y orientales se abrazaban fraternalmente 
y las dificultades existentes entre los dos Gobiernos desapare- 
cían por ese acto. 

Así, en un solo dia y por un solo acto, teníamos la paz inter- 
na y la paz externa. 

Y ese acto no afectaba ningún principio. 

Se comprendían las dificultades de principios que se opusie- 
lon á la aprobación del Convenio, en cuanto á los grados adqui- 
ridos en las filas de la revolución, en cuanto al pago de los gas- 
tos de esta, etc. 

Pero todas esas estipulaciones que podían lastimar algunos 
principios estaban adi)dlidas y aprobadas por el señor Aguirre y 
por su Gobierno. 

Solo faltaba que concluida la guerra, despidiese de su Conse- 
jo á los hombres que representaban la guerra ; y que hecha la 
paz y para restablecer y garantir la concordia llamase á los re- 
presentantes de la paz y de la concordia. 



— 38 — 

Pero .... el señor Aguirrc solo quería gobernar con su 
partido — csclasiüainentc con su parlido. 

Flexible en las cuestiones de principios, fué inflexible en las 
cuestiones de personas. 

El dia 7 de Julio declaró ante los señores Elizalde, Thornton 
y Saraiva que los señores Dr. D. Florentino Castellanos, D. To- 
mas Villalba, D. Juan Miguel Martínez, Dr. D. Manuel Herrera y 
Obes y D. Andrés Lamas eran imposibles! 

Ahí se rompió deñnitivamente la negociación, y todas las des 
gracias que desde ese dia han pesado sobre el país y sobre el 
mismo partido blanco tienen ese origen. 

Vuelto á Buenos Aires, y dando de hecho por no reciljído, 
un airado decreto en que por haber renunciado todo cargo oü- 
cial se me declaraba rebelde ó cosa equivalente, continué buscan- 
do los medios de que se reanudasen las negociaciones. 

El Sr. Saraiva deseaba sinceramente la paz y se prestaba á to- 
do cuanto el decoro de su país y el suyo le permitía hacer para 
volver á colocar los negocios en vias de paz. 

En estas tentativas, siempre malogradas i)or la férrea tirantez 
del gabinete de Montevideo, se consumió casi un mes, y el se- 
ñor Saraiva no podía demorar su últiniatuni. 

Entonces escribí al caljallcro que bondadosamente me servia 
de intermedio con el señor Aguirre para que, manifestándole, 
una vez mas, la gravedad de la situación y las funestas conse- 
cuencias que ella tendría |»ara el país y para su propio partido, 
aprovechase la presentación del uliimatum que iba á llevarnos 
á la guerra para traernos á la negociación de la paz. 

Para esto proponía que, separándose del Ministerio decidida- 
mente intratable que lo rodeaba y que de antemano estaba com- 
promülido por sus actos á repeler in líuiíne el ultimátum, nom- 
brase un Ministro interino que al recibir ese documento conl8¿- 
tase — «que sin tom^r en consideración ni su fondo ni su forma, 
ce el Gobierno, reconociendo, como ya lo habían hecho el señor 
« Saraiva y los Ministros de la República Argentina y de la In- 
cc giaterra, que la pacificación interior de la República era un 
« medio eñcaz para facilitar el arreglo de laó cuestiones pen- 
« dientes con el Brasil, proponía que, aplazándose, por lo pron- 
ci lo, la con.iiderawIan de e^as cuestiones, se reanudacen lup no- 



- 39 ~ 

« gociaciones para la pacificación interna bajo las bases ya acep- 
« tadas y que habian sido propuestas por el mismo Sr. Saraiva 
« en consorcio con los señores Ministros Elizaldey Thornton. » 

Dada esta contestación la negociación estaba infaliblemente 
reanudada ; y á pesar de las ofensas hechas á los mediadores de 
Junio en una circular virulenta que se habia dirijido al Cuerpo 
Diplomático, la mediación se habria restablecido. 

La propuesta no fué oidayel ultimátum repelido en tales tér- 
minos que no le abrían al Sr. Saraiva ningún camino honorable. 

Aun después de este disagrapable rompimiento de su negocia- 
ción, el Sr. Saraiva se conservó en Buenos Aires dispuesto siem- 
pre á volverá reanudarla sobre la base de la pacificación interior. 

En Montevideo la Legación Brasilera, que allí se conservaba, 
y el Sr. Barón de Tamandaré mantenían benévolas relaciones 
con el Gobierno. 

Ocurrido el incidente del Vapor «Villa del Salto «, aun hice un 
esfuerzo para que ese mismo incidente produjese esplicaciones 
que, conducidas con la idea de volver á la via de las ' negociacio- 
nes con el Brasil, podían conducir áella. 

Indiqué que, como el ultimátum del Sr. Saraiva solo anuncia- 
ba las represalias sobre hechos ulteriores, y fundándose en esto, 
se pidiesen á la Legación Imperial la esplícacíon del motivo y la 
definición del carácter de aquella hostilidad no prevista por el 
ultimátum. 

En todo caso, no debía procederse sin pedir algunas esplicacio- 
nes ó sin esperará que las dieren, por que bien pudiera ser que los 
cañonazos disparados sobre la «Villa del Salto w no fueran mas 
que el resultado de la mala inteligencia que el Gefe militar hu- 
biera dado á sus órdenes. 

Si asi se hubiera hecho — y eso era lo regular, probablemente 
habríamos entrado en negociaciones por la puerta que se nos 
dejó abierta. 

Pero sin oír, en el acto, rompimos. 

El Gobierno dio los pasaportes á la Legación Imperial, cazó el 
execuatur délos Ajenies Consulares, y las autoridades del litoral, 
siguiendo la bárbara costumbre de ultrajar los Símbolos Naciona- 
les, ultrajaron los escudos del Brasil. 



— iO — 

El Sr. Saraiva ya no potlia esperar mas y debia retirarse espi- 
diendo órdenes para hacer efectivas las represalias. 

En aquellos momentos, teniendo ya por malograda la noble 
tentativa del Sr. Barbolani, Ministro de Italia, y aprovechándola 
excelente disposición en que siempre estuvo el Sr. General Mitre, 
tratamos de inducir al Sr. Aguirre y al General Flores á que nom- 
brasen ajenies suyos que reunidos en Buenos Aires negociasen 
la paz bajóla mediación personal delExmo. Sr. Presidente de la 
República Argentina. 

Nos parecía que la intervención personal del Sr. General Mitre, 
los respetos que merece y la influencia de su alta inteligencia 
contribuirianá vencer las diflcultades — todas personales — á que 
se sacriiicaba la paz interna y la paz externa. 

Con ese fin escribí al Sr. General Flores y al Sr. Presidente 
Aguirre. 

En mi carta al Sr. General Flores le decia: 

« El mismo Sr. Coronel Acosta impondrá á V. E. de mis ideas 
(( personales para una paz digna de todos los Orientales^ que debe 
« ser la aspiración de todos los que amen la Patria «. 

Copio aqui las contestaciones : 



Sr. Dr. D. Andrés Lamas. 



Cuartel General, Setiembre í de 1864. 



Señor y amigo : 

La misma aspiración de V. es la mia. Deseo la paz como el que 
mas, y si ella no se ha hecho, V. sabe mejor que muchos que no 
ha sido por culpa mia. 

En el terreno en que me han encontrado siempre me encon- 
trarán mis compatriotas y todos los que me busquen. 



Influya V. en el ánimo délos que sirven de obstáculo y ¡Ojalá 
sea feliz- en su tarea! 
Me repito muy suyo, compatriota y amigo, 

Q. B. S.M. 

Venancio Flores. 

El portador de esta es mi mejor amigo D. Manuel M. Aguiar. 



Sr, D. Andrés Lamas, 

Moiilcvideo, Sclicnibrí' 7 de «864. 

Mi estimado Señor y amigo : 

Me he impuesto por su apreciable del 4, y lohabia sido antes 
en diferentes ocasiones por nuestro amigo el Sr. Ür. Castellanos, 
de los esfuerzos de V. en evitar las funestas consecuencias que 
V. preveia del rompimiento de 7 de Julio. De esos esfuerzos, que 
tanto recomiendan su patriotismo y sanos deseos, no ha podido 
buscarse resultado alguno por la actitud hostil en que el Gobier- 
no Argentino se ha empeñado en conservarse, sin razón. Su 
juicio respecto alas condiciones de este Gobierno y sus compro- 
misos con el del Brasil, cuya mala voluntad hacia nosotros no 
puede ser desconocida de todo el que se detenga en el estudio de 
la situación en que nos ha colocado la misión Saraiva, alejan la 
coniianza de un favorable resultado. De aqui la resolución de 
acceder á la interposición del Caballero Barbolani y de sus cole- 
gas para un arreglo con Flores, á quien, como V. ha visto, se le 
ha concedido cuanto se ha podido concedérsele, como único me- 
dio de poner término á la guerra que nos asóla y de traer la unión 
y la fraternidad á la familia Oriental. No habiendo esto dado el 
lesultado anhelado por todos los buenos y siendo mi principal y 
esclusivo mterés salvar el principio de autoridad, porque entiendo 
que salvo al Pais de futuras complicaciones y calamidades; estoy 
resuelto á hacer cuanto necesario sea para que ese principio se 
palve. Si sucumbe por el triunfo de la rebelión, la responsabili- 
dad no será mia. Todos otros trabajos en estos momentos, bien criti- 
cospor c\erlo, enervarían los medios de combatir á la anarquía; y 



— 42 — 

oslo 7iie trae ya senos cargos para ante la JSucion, por el lioiifO 
empleado inútibiieiite desde el mes de Junio. 

Reiteróle á Y. mis íntimos agradecimientos por sus esfuerzos 
en bien de esta pobre tierra ; y rogándole me considere animado 
de iguales disposiciones y sentimientos, disponga de la buena 
voluntad de quien es de Y. aíRmo. amigo y servidor, 

Q. B. S. M. 

Atanacio C. Ayuirre. 



La negativa del Sr. Aguirre era, como se vé, absoluta, y con- 
cebida en términos que ya no permitian volversobre laidea. 

La guerra con el Brasilera inevitable. 

Desde los pasaportes dados á la Legación Imperial hasta el 
auto defé en que, como si no bastara denunciarlos, fueron que- 
mados en la plaza pública, \ por mano de verdugo los tratados in- 
ternacionales, los actos del Gobierno Oriental se encaminaron 
sistemáticamente, si no en la intención en el hecho, á cerrar 
todo camino de avenenciacon el Brasil y áforzarlo á llegar hasta 
la última estremidad de la guerra. 

;.En qué confiaba el Gobierno Oriental para cerrarse cuerpo á 
cner[)0 con el Brasil en un duelo á muerte? 

¿En el espíritu Nacional? — Pero — ¿como contar con el espíritu 
nacional despedazando la Nación y sostituyendo la religión de la 
patria por la idolatría ác\ partido? 

¿En el Paraguay? — siempre el Paraguay! 

En efecto, el Paraguay, satisfecho por una humillación insó- 
lita, habia ofrecido que protestaría contra la entrada de tropas 
brasileras en el territorio oriental y que si el hecho se realizaba 
apesar de la protesta consideraría llegado el casus-belli. 

Desde entonces, lejos de evitar la guerra se la buscaba; y esta 
f;u<^'ria, que tan insensatamente se hacia inevitable, me aterraba. 

Lasante rieres intervenciones del Brasil (buenas ó malas, que 



esto no es del caso) habían sido incmcnlas, deliberadas por el 
Gobierno, realizadas por sus tropas regulares, fundadas en Trata- 
dos que previamente definían sus fines, de acuerdo con el Go- 
bierno establecido y en auxilio suyo. 

Ahora el Brasil entraba .en una verdadera guerra y era fatal • 
mente precedido por la insurrección, que le servia de vanguar- 
dia, de parte de la población Rio-Grandense domiciliada en nues- 
tro territorio. 

Esta población ha ad(|uirido el dominio úlíl de la mejor parte 
del territorio Oriental al Norte dt-1 Rio Negro y se va estendien- 
do al Sud de ese rio. 

En 1856 le decia yo, oficialmente, al Gobierno Imperial — «De 
« nuestras fronteras, ocupadas por ella, van siendo escluidos y 
« quedarán escluidos, si la situación actual no muda, todos los 
« elementos de fuerza y de defensa nacional — la [¡oblación (pues- 
« to que los hijos de los pobladores Brasileros siguen de hecho 
« la nacionalidad de sus padres) — la industria, — el culto de las 
« tradiciones — el espíritu de la sociabilidad y de las institucio- 
« nes — el mismo idioma de la Nación ». 

Esa polüacion es numerosa y tiene á su espalda toda la del 
Rio Grande, que es Provincia viril y crecida. 

Uno de los mayores peligros de la nacionalidad Oriental es la 
escasez de la población nacional. 

Somos pocos los Orientales para formar y mantener una na- 
ción Oriental ; y tan pocos como somos ahondamos, cada vez 
mas, la división de los Orienl.nles y nos ocupamos, esclusiva- 
mente, en perseguirnos, en difamarnos, en matarnos como ene- 
migos irreconciliables. 

Siempre temí, y siempre traté de evitar, ó de alojar aun con sacri- 
ficio de mi pro[)ia reputación, el dia en que aquella población 
Rio-Grandense se mezclase armada ea nuestra política, estable- 
ciese su caudillaje en nuestro suelo, se acostumbrase á hacerse 
justicia por sus propias manos. 

Grande desgracia me parecía esta para nosotros y para el Go- 
bierno Imperial, á cuyas intenciones he hecho antes y me com- 
plazco en poder hacer todavía hoy la justicia que merece. 

Para mayor desgracia, el mismo Gobierno Imperial se encon- 
traba en cl camino en que evAvaba forzado por d Gobierno Oriental 



— 44 — 

con una revolución que combatía á ese Gol^ierno, — y la alianza 
})odia realizarse de hecho. 

El Gobierno Imperial tenia que ir hasta derrocar al Gobierno y 
el lugar de ese Gobierno seria ocupado (y no podría ser de otro 
modo) por la revolución que triunfaba aliada al Brasil. 

Las armas del Brasil iban, pues, fatalmente, á derrocar al Go- 
bierno único que él reconocía Nacional; y, en el caso, derrocar es 
sostituir, y sostituir es designar, imponer. 
Esto es mas que grave. 

Puede que el hecho sea hoy feliz (y deseo que lo sea). No dis- 
cuto ese punto — Pero — ¿no habría sido deber de buenos ciuda- 
danos evitar que tal antecedente pudiera establecerse? 

Aunque de menos importancia, también me parecía peligrosa 
para estos Estados, incluso el Brasil, tan amenazados del dcre- 
cl ode la fuerza de las grandes Potencias, la jurisprudencia que se 
iba á establecer por medio de represalias de carácter tan indefini- 
do que se confundían con la intervención y con la guerra, sin tener 
i!Í las responsabilidades ni las garantías legales y morales de las 
inlervenciones ó de las guerras francas y regularmente decla- 
radas. 
No oculté ningunade mis opiniones ni de mis temores. 
Creí de mi deber manifestarlos al Sr. Saraiva, antes que á nin- 
gún otro. 

Entonces insistí en que ya que era inevitable la guerra es- 
trangera,y una guerra que tan malos antecedentes vaá dejares- 
tablecidos, se pacificase el Estado Oriental por una intervención 
colectiva de la República xArgentina y del Brasil. 

Esta intervención se fundaría como escepcion de regla en la es- 
cepcional condición internacional del Estado Oriental. 

La existencia de este Estado es el vínculo de paz entre la Re- 
pública Argentina y el Brasil. 

Para eso nacióla nacionalidad Oriental. 

Y como esta nacionalidad no podía consolidarse, fortalecerse, 
ni aun conservarse si no vivía vida regular, en la carta misma 
de su creación se estableció que se daría una Constitución y se 
regiría por ella. 

Si esa nacionalidad no vive vida regular, si se desangra y 
abate desfallecida en las guerris civiles, ella, faltándose así mis- 



— 45 — 

ma, falta para con los otros á todos los fines de su creación. 

El cadáver de esa nacionalidad perturbarla profundamente las 
relaciones del Brasil y de la República Argentina y renovarla 
las luchas seculares é insolubles cfue mantuvieron en el Rio de 
la Plata las coronas de España y de Portugal. 

Ese era el título de la intervención colectiva. 

Su fin, pacificar el Estado Oriental trayendo á los despartidos 
á las condiciones de partidos legítimos y regulares. 

Sus medios, formular las bases de la pacificación — ofrecerlas 
á las dos, — imponerlas al que las repeliese, cualquiera que fue- 
se, por la fuerza regular de los dos Gobiernos. 

En este camino no existia ningún peligro ni para el presente 
ni para el porvenir. 

Fui desgraciado en esta como en todas mis tentativas. 

A la entrada de la primera fuerza Brasilera, me pregunté : — 
¿ Qué baria ahora en el lugar del Gobierno, puesto que en el Go- 
Ijierno no debe tenerse otro pensamiento que el del bien y el 
honor del país ? 

Aconsejé lo que me respondí á mí mismo. 



PROYECTOS 

Redactados por D. Andrés Lamas para el fn de obtener la paeifi- 
cacioii interior de la República con motivo de lapjrimera entrada 
de las tropas brasileras en el territorio Nacional del Departa- 
mento del Cerro Largo. 

Núm. 1. 

« El Presidente de la República. 

« A consecuencia de haber admitido la renuncia que funda- 
ce das en consideraciones de alto interés Nacional le presentaron 
« sus ministros, ha acordado y decreta: — 

« Art. 1°. — Quedan nombrados Ministris Secretariosde Estado: 



— 46 — 

« En el Departamenío derielacioncs Esleriores, elSr. N. N. 
« En el Departamento de Gobierno, el Sr. N. N. 
« Quedando encargado interinamente este Ministro del Despa- 
« cho de los Ministerios de Hacienda y Guerra, 
(c Art. V. — Comuniqúese, etc. 



Núm. 2. 

« El Presidente de la República, 

« Considerando : 

« 1". — Que el territorio de la República se encuentra invadido 
« por un ejército estrangero; — 

« 2". — Que este hecho gravísimo le impone al Gol)ierno como 
« á todos los orientales el deber de sacrificar en aras de la inde- 
« pendencia y de la dignidad de la Nación todo inferes y toda 
« consideración depohtica interior; — 

« 3°. — Que en merecido honor del patriotismo Nacional debe 
(í suponer que ese sacrificio está ya hecho en el corazón y en la 
(f inteligencia de todos los orientales, sin ninguna escepcion, 
« porque todos ellos deben comprender que la Nación quebran- 
« tada y postrada por la guerra civil no puede mantener como á 
« todos conviene y tan alto como todos, sin duda, lo desean, ni 
« el honor de su bandera, ni los intereses permanentes del país, 
« que haciendo la guerra ó negociando la paz con el estrangero 
« en la deplorable situación actual, pueden llegar á quedar se- 
« riamente comprometidos para el presente y para el porvenir; — 

« 4°. — Que tiene la certeza de que realmente lo está entre los 
« orientales que rodean al Gobierno ycombaten por él, pues que 
« está seguro de que ellos dan su concurso á la política del Pre- 
« sidente de la República cuya base fundamental es sacrificarlo 
« todo en familia para no sacrificar ningún interés nacional por 
« el espíritu ó el interés de partido que ha podido y puede hoy 
« mismo ser servido apartando la coacción estrangera que dificul- 
« la la acción del Gobierno por la sumisión á todas las pretencio- 
« nes con que se justifica; — 



— 47 — 

c( Y, finalmente, que debe á los orientales que le combaten la 
c( justicia flecreer, como cree, que también lo está realmente por 
« su parte, á virtud de lo cual debe tenerse por concluida la 
« guerra civil y reconciliados los orientales en el honor y en la 
v< defensa de la Patria común; — 

« Ha acordado y decreta: — 

« Art. i". — Declárase terminada la guerra civil. — 

« En consecuencia, todos los orientales quedan desde esta fe- 
« cha en la plenitud de sus derechos civiles y poHticos, cuales- 
« quiera que hayan sido sus opiniones ó actos pohticos anterio- 
« res cuya responsabilidad legal queda extinguida. — 

« Art. 2°. — Todas las fuerzas orientales se despojarán de las 
« divisas de guerra con que hasta hoy se han combatido y íot- 
« marán reunidas el ejército de la República, quedando recono- 
« cidos los grados militares conferidos por el Brigadier General 
« Don Venancio Flores durante la lucha, los que estuvieren en las 
« atribuciones del Poder Ejecutivo diíinitivamente y los que ne- 
« cesiten la autorización del Senado con dependencia de ese re- 
« quisito Constitucional. — 

« x\rt. 3°. — Quedan reconocidos como deuda nacional los gastos 
« hechos por las fuerzas del Brigadier General Don Venancio 
« Flores. — 

« Art. 4". — Las sumas recaudadas por órdenes emanadas del 
« Brigadier General Don Venancio Flores procedentes de contri- 
« buciones, patentes ó cualesquier otro impuesto se considerarán 
« como ingresadas en el Tesoro Nacional. — 

« Art. 5". — El Brigadier General Don Venancio Flores queda 
« nombrado General en Gefe del Ejército de Operaciones, y con 
« este título le confia el Presidente de la República la guarda de 
« la independencia, de la integridad y de la dignidad de la Na- 
« cion que queda colocada al amparo de las armas de su mando. — 

« Art. 6°. — Siendo la intención y la resolución del Gobierno 
« aceptar todo avenimiento amigable con el Brasil desde que ro- 
ce deado de todas las fuerzas de la Nación pueda negociar sin 
« menoscabo del derecho ni de los intereses orientales, se au- 
« toriza al mismo Brigadier General Don Venancio Flores para 
« que haciendo conocer esa resolución al Gefe de las fuerzas 
« Imperiales que se encuentren en nuesiro territorio, le invite 



« á una suspensión de hostilidades hasta recibir nuevas órde- 
« nes de su Gobierno. 

« Art. T — Admitida, ó no, por el Gefe Imperial la suspen- 
« sion de armas á que se le invite, el Gobierno encarga al 
« Brigadier General Don Venancio Flores la adopción de todas 
« las medidas que juzgue mas eficaces para garantir, en todas 
« las circunstancias y de la manera mas absoluta, las vidas y 
« las propiedades de los ciudadanos brasileros que deberán ser 
« considerados y tratados como los otros estrangeros en los 
« territorios sometidos á la autoridad nacional. 

« Art. 8° — La ejecución de las condiciones del presente de- 
« creto queda dependiente de la aceptación que de ellas haga 
« el Brigadier General Don Venancio Flores, á quien se comu- 
« nicará en la forma acordada (1). 

« Art. 9" — Publíquese, etc. 



Núm. 3. 



« Habiendo declarado reiteradamente el Gobierno Argentino que 
« consideraba que la terminación de la guerra civil entre los 
« orientales facilitaría el inmediato y fraternal arreglo de las di- 
« feriencias que desgraciadamente interrumpen las buenas y muy 
« estrechas relaciones que deben ligar á las Repúblicas del Rio 
« de la Plata ; y considerando que el decreto de esta fecha que dá 
a por terminada la guerra civil debe producir, entre otros, ese be- 
« néfico resultado, el Presidente de la República ha acordado y 
« decreta: 

« Art. 1" — Nómbrase al ciuda daño D.N. N. en misión confiden- 
« cial cerca del Gobierno Argentino. 

« Art. 2° — Gonfiérense al dicho ciudadano los Plenos Poderes 
« necesarios para arreglar amistosa y fraternalmente todas las di- 
ce feriencias que existen entre este Gobierno y el de la Repúbbca 
(( Argentina. 

« Art. 3° — Comuniqúese, etc. 



(c (I) Una comisión que sirva para allanar dificultades, de detalle y acordar lo demás que 
(' fuere necesario, » 



— 49 — 
Núm. 4. 
« El Presidente de la República : 

« Considerando : 

« 1" One el Gobierno Argentino ha manifestado que participa 
« déla convicción en qne declaró hallnse el Enviado Extraordi- 
(( nario y Ministro Plrnipotonciario del Imperio del Brasil de 
« que la terminación de la guerra civil entre los Orientales faci- 
« litarla un arreglo justo y amistoso de las reclamaciones pre- 
« sentadas por el Gobierno Imperial. 

« 2° Que el Gobierno Argentino ha manifestado también que 
« desea ese arreglo, y ha estado dispuesto á concurrir á él ; 

« 3" Y últimamente que en los esenciales intereses internacio- 
« nalas de las Repúblicas del Plata existe la mas perfecta homo- 
« geneidad y solidaridad ; 

« Ha acordado y decreta : 

« Art, i" El ciudadano D. N. N. que por Decreto de esta fecha 
« ha sido nombrado en misión confidencial cerca del Gobierno 
« Argentino, queda también autorizado para iniciar oportuna- 
« mente bajo la mediación ó buenos oficios del mismo Gobierno 
(c Argentino, el arreglo de las cuestiones pendientes con el 
« Brasil. 

« Art. 2° Por el respectivo Ministerio se le espedirán los 
« Plenos Poderes y las instrucciones necesarias. 

u Art. 3° Comuniqúese, etc. 



Núm. 5. 

(Proclama que debía acompañar la publicación de los decretos). 
(c Conciudadanos . 
« Por los grandes actos que acabo de firmar y de que vais a 
(( tener conocimiento, les hago, como debo, á todos los Orienta- 
ce les la justicia de creerque ellos son, todos, sin excepción, antes 
« patriotas que hombres de partido. 



— 50 - 

« Si yo estuviera engañado, si hubieran Orientales que prefi- 
« rieran su partido á su patria para conservar ó para adquirir 
« el triste poder de satisfacer las ambiciones y las pasiones ren- 
« corosas que engendran las guerras civiles, — si la guerra civil 
« no desaparece en presencia de las armas extrangeras que des- 
« plegan sus banderas de guerra nacional en los límites de la 
<c patria, nuestra nacionalidad llegará á ser imposible. 

« Imposible, Orientales, y al caer dejaríamos en el catálogo 
« de las Naciones una mancha oprobiosa en el lugar de que des- 
« cenderiamos por el olvido de los mas sagrados deberes. 

c< Defensores del Gobierno ! Cumplamos el nuestro. 

« Abramos las puertas de la casa del Gobierno de la Repúbli- 
« ca á los Orientales que nos combaten, si esto basta para que 
« todos los brazos y todas las espadas Orientales rodeen y sos- 
te tengan la bandera y los derechos de la patria. 

« Vengan á gobernar los hermanos nuestros que nos dis[)uta- 
« ban el Gobierno. 

« Nosotros les abrimos nuestras filas para que suban al poder, 
« y los acatamos en el poder á la sola condición de que sirvan 
« de salvaguardia á los derechos de la Nación. 

« Glorificaos los que caigáis del poder de esa caida que aflr- 
« mará sobre los hombros de nuestra patria el manto soberano 
« que los orientales le conquistaron en el Rincón, en el Sarandí, 
« en Misiones y en Monte-Caseros. 

'c Glorificaos ! porque cuando el extrangero sepa que nuestras 
« deplorables luchas internas se extinguen desde que la espada 
« extrangera selevantacontralabanderaOriental,el extrangero nos 
« respetarla, porque los Orientales son valientes y unidos serán 
« invencibles sobre el suelo sagrado de su patria. 

« Volvamos á la patria todos sus hijos cediendo nosotros todo 
« á los Orientales que nos han combatido hasta hoy, 

« Declarando terminada la guerra civil por les motivos y en 
« los términos en que lo hago, creo, de buena fé, que real y 
« positivamente lo está. 

« Pero hasta que reciba el Gobierno la contestación al decreto 
« de estafechaque se comunica al General D. Venancio Flores, 
« nada ha cambiado de hecho. 

41 Soldados! Guíuv'ias Naciooíilesi 



« No ataquéis. Si os atacan, defendeos! 

« Habitantes pacíficos de la República ! Partidarios de la paz ! 

« Los documentos que hoy se publican os dirán que el Gcbier- 
« no hace cuanto humanamente puede para volveros la paz 
« que es el bien supremo y la primera necesidad de este pais. 

« Llama á todos los Orientales al pié de la bandera nacional, 
« pero no le guia en ello ninguna inspiración de odio ni deven- 
ce ganza. 

<■' Dentro de los límites del derecho y áelñiuiiWddi desea resta- 
« blecer al mismo tiempo que la paz interior la paz exterior, y 
« para conseguir este duplo y grande resultado hace también 
« como lo veis, todo cuanto su decoro le permite. 

« Montevideo, etc. 

Si este medio de pacificación hubiera sido posible, me parece 
que, levantando el espíritu nacional sobre el mal entendido espí- 
ritu de partido que lo sofoca, nos habría dado con la paz interna 
la paz externa. 

Repito que hago justicia á las intenciones del Gobierno Impe- 
rial; y porque la hago, estaba seguro deque facihtando con nues- 
tra pacificación interna, que apagaba la agitación de sus fronteras, 
la pacífica y amigable solución de sus reclamaciones, el Rrasíl 
habría aplaudido el hermoso espectáculo de un pueblo que olvi- 
dando sus envenenadas y sangrientas discordias en el instante 
en que trasponía la guerra estrangera sus fronteras, se colocaba 
en una sola fila á la sombra de una sola bandera — la bandera 
Nacional. 

El Rrasíl comprendiendo sus verdaderos intereses, habría re- 
conocido que tal espectáculo era una garantía de paz para él, 
porque, como ya lo dejo dicho, la existencia de la nacionahdad 
oriental es la paz enire el Brasil ij la República Argcnliiia. 

Pero ¡el partido arriba de la patria! 

Los que asi lo hacen, podrán congratularse de su ronsecuencia 
como hombres de partido, pero siguiendo ciegamente la bandera 
del partido, cualesquiera que sean los que la llevan y los caminos 
porque la llevan, se esponen á faltar, y muy fr?cnenteraente, á 
sus deberes de buenos ciudadanos. 

La acción de los partidos está limitada por la conveniencia de 



— 52 - 

la Nación, porque los partidos solo son legítimos como medios de 
hacer la felicidad pública. 

Bien conozco las ilusiones con que los parlidos se engañan á 
sí propios; pero cuando á un pueblo se le ha arruinado, queda 
arruinado, — cuando se le hace retroceder veinticinco años en el 
camino de su prosperidad y de su engrandecimiento, la verdad 
es que ha retrocedido veinticinco años. 

Ciertos individuos habrán ganado ; pero el país habrá per- 
dido. 

No han querido evitarnos, como han podido (y en este caso 
■poder es deber) por medio de la paz interna, la guerra con el 
Brasil. 

Ella ha venido y ella tiene los resultados que debian preveer. 

El partido colorado viene al poder. 

Si se inspira en las verdades prácticas de la situación y en 
los intereses reales del país — si acepta, de buena fé, lo que no 
puede destruirse sin comprometer la paz, — si con los auxilios 
de la paz y del tiempo gobierna, como debe gobernar todo par- 
tido legítimo, con la Nación y para la Nación, y toma por base 
entenderse con igual cordialidad y verdad con el Brasil y con la 
República Argentina, muchos de los peligros que he desvenda- 
do, y todos, pueden ser conjurados. 

La paz y la acción prudente del Gobierno Oriental en igual 
acuerdo con el del Brasil y con el de la República Argentina, 
afirmarían, sin duda, la Nacionalidad Oriental. 

Pero si sobreviene el desgobierno ó una nueva revolución, 
aquella nacionalidad ha entrado en su última crisis. 



III 



IS6£S 



Exino.Sr. D. Atanaciu C.Aguirre. 

Buenos Aires, Euero \1 de 1865. 

Mi estimado amigo y señor . 

Dominado por los sentimientos que me condujeron á Montevi- 
deo en el mes de Junio, por el amor que profeso á esa nuestra bella 
capital y por el deseo deque se eviten nuevas y mayores desgra- 
cias, me acerqué al Sr. General Mitre para preguntarle si conser- 
vándose, como estaba seguro de que se conservaba en los sanos y 
altos propósitos que maniíestó en la misión pacificadora de su 
ministro elSr. Dr. Eiizalde, eslaria dispuesto á interponer sus 
respetables y amistosos buenos oficios para que evitándose rui- 
nas y sangre en Montevideo se llegase á darle al desenlace que 
va atener la situación actual un carácter incruento y que diese 
las garantiasque son de desear para todos los orientales. 

El Sr. General Mitre tuvo la bondad de asegurarme que poseído 
siempre de los sentimientos que yo le conozco, y á los que hago 
justicia, estaba pronto á interponer sus buenos oficios para que 
aliorándose nuevas desgracias por una solución pacífica, queda- 
sen seriamente garantidas las personas y las propiedades y en el 



— 5Í — 

goce de los dereclios que les acuerda la Consiitucion del Eslado, 
si esa inlerposicion fuera deseada con sinceridad y tuviera por 
ese deseo, debidamente manifestado, ocasión justificada para 
ejercerse. 

Seguro délas rectas intenciones de mi amigo el Sr. General 
Mitre, me apresuro á poner esa contestación en el conocimiento 
fie V. E. como el único medio de evitar los desastres de una de- 
jbnsa imposible y que atraerla sobre V. E. la responsabilidad de 
sacrificar, sin objeto, ala población de Montevideo y de despojar 
á sus mismos amigos políticos de las garantías civiles y políticas 
que una solución pacífica j)uede darles. 

Para llegará ese resultado no debe perderse un solo instante. 

Dentro de muy pocos dias llegarán á Montevideo, por tierra'"' 
por mar, fuerzas irresistibles y el desenlace violento puede ser 
instantáneo. 

Creo inúlil decir áV. E. que estoy enteramente ásus órdenes 
para todas las diligencias que puedan llevarnos al benéfico re- 
bultado que busco. 

Puede V. E, contar con mi discreción tanto como con mi pa- 
triotism.o. 

Tengo el honor de ser de V. E. muy affmo. amigo y seguro 
servidor Q. B. S. M. 

Andrés Lamas. 

NOTA — De esta carta enviaré una copia á S. E. el Sr. Barbolani. 
El cuerpo diplomático se dirijió al Sr. Aguirre para que soli- 
citase la mediación del Gobierno Argentino. 
El Sr. Aguirre se rehuso tenazmente. 



jxrno. Sr. Brigadier General D. Venancio Flores. 

Bueaos Aires, Enero 20 de í3üS. 

Sr. General y amigo; 
Be creído que debía comunicar á V. E. los pasos que en estos 



momeníos dauíüs cerca del Sr. Aguirrc y la boiiclad con que 
V. E. ha animado mis anteriores esfuerzos por la pacificación del 
pais, me autoriza para dirijirme á V. E. con aquel objeto. 

Para proceder en esto con la mas entera franqueza, envió á 
Y. E. copia de la única carta que hasta hoy se ha dírijido al 
señor Aguirre. 

Esa carta mostrará á V. E. el fin que nos proponemos y los 
medios que queremos hacer aceptar. 

El fin es evitar una desgracia tan inmensa como lo seria hacer 
sangrienta ruina de la ciudad consagrada por la mayor de las 
glorias nacionales, — nuestra bella y amada Montevideo. 

Los medios son hacer sentir la imposibilidad del éxito de la 
defensa mili+ar y ofrecer paralas personas y las propiedades ga- 
rantías serias y eficaces. 

Estoy seguro de que ese fin y esos medios merecen la adhe- 
sión de V. E. 

En esa confianza, tengo el honor de repetirme de Y. E. muy 
afectísimo y seguro servidor, 

Q. B. S. M. 

Andrés Lamas. • 



[reservada.] 

.1 S. E. el Sr. D. Rafael Ulíses Barholani. 

Buenos Aires, Enero 24 de 1865. 

Mi estimado señor y amigo : 

Ayer tuve el honor de recibir sus apreciables del 21 y 22. 

Muy agradecido á los generosos esfuerzos de Y. E. y de sus 
colegas por el bien de mi país, espero que no desesperarán de 
su obra de humanidad. Las circunstancias pueden llegar 4 ser 
favorables. 



— 56 — 

Antes de dar paso alguno, cscriljí el dia 11 al Sr. Paranhos, y 
S. E. me contestó inmediatamente lo siguiente : 

« Nao recele V. E. que nossos preparativos bellicos signifi- 
« ({uem falta de amor a paz. É á paz que nos procuramos pela 
« única via honrosa que nos deixarao. Oxalá os votos e esfor- 
« zos de V. E. abrao os olhos aos cegos de Montevideo.» 

El Sr. Aguirre no me ha contestado todavía. 

Todavía, pues, la puerta no está clavada. 

Me dicen que las dificultades son : 

t* ]jfi condición de soIirÁtnr la interposición del general Mitre. 

2* La repugnancia á tratar con el Brasil. 

Para vencer esas dificultades, indico á V. E. — que el señor 
Aguirre conteste mi carta diciéndome que su dignidad no le per- 
mite solicitar, pero que aceptara de buen grado, si le fuere es- 
pontáneamente ofrecida, la interposición del general Mitre con 
el objeto de buscar la paz entre los Orientales, dejando las cues- 
tiones con el Brasil para ser tratadas por el gobierno que se esta- 
tablezca después de la pacificación interior. 

Me parece que en estos términos el Sr. Aguirre consultarla 
no solo su dignidad, sino hasta sus suceptibilidades. 

Pues bien, mi amigo y señor Barbolani, si yo recibiese una 
contestación del señor Aguirre en tales términos, tengo muy 
llmdada esperanza de hacerlos aceptables aquí y por todos. 

Tengo el honor de ser, con la mas alta consideración, de V. E. 
afectísimo amigo y seguro servidor, 

ü. B. S. M. 

Andrés Lamas. 



(Particuliere.) 

Montevideo, le 25 Janvier 1855. 

Mon cher et respectable Mr. Lamas. 

Aussitót que j'ai recu la lettre que vous m/avez fait Phonneur 
de''rrT'adresser' en date d'hier, ie m.e siiis mJs en mouvement pour 



— o/ 



tentcr de nouvoaiix cííbrí.s dans le bul que vous m'indiquez. 
J'ai vu Monsieur Aguirre et jelui ai dit franchement que votre 
jirojet me paraissait de tout point acceptable et qu'il se chargerail 
d'une tres-grave responsabiliíé en lerefusant. II m'a paru perple- 
xe et hésitant pendant quelque temps; mais enfin il m'apromis de 
vous énrire aujourd'hui méme d'une maniere a?sez favorable á 
vos idees, avecquelques variantes, qui pourtant ne ehangeraienl 
pas le fond des propositions. A re que j'ai pu entrevoir je crois 
qu'il désirerait adjoindre au General Mitre quelqu'autre gouverne- 
ment. Enfin, vousverrez; pourniapart j'ai fait toutmon possible 
etje neme lasserai jamáis de travailler jusqu'á ce qu'il y aura de 
l'espoir pour arriver á une solution pacifique. Tous mes collégues 
sont animes des mémessentimenls. 

Agréez l'assurance de ma plus haute considération . 

De vous, Monsieur, 

Trés-dévoué et obligé serviteur. 

R. U. Barbolani. 



Señor D. Andrés Lamas. 

Montevideo. Enero 25 de 1865. 

Mi estimado señor y amigo : 

No lia sido culpa niia no haber contestado antes á suapreciable 
de vd. del 17. Al hacerlo ahora mees grato decirle que impuesto 
de su contenido no puedo dejar de reconocer el interés que se 
toma vd. en la paz de este país; sin embargo no es posible confiar 
en ({ue los buenos oficios del señor Presidente Mitre den la segu- 
ridad pacifica que el país reclama en la lucha a que ha sido injus- 
tamente provocado por el Brasil. 

La política observada por el Gobierno Arjentino para con el 
del Brasil y sus compromisos con este no pueden inspirar al pue- 
blo oricuíal la confianza necesaria y que parece abriga vd. 



— 58 — 

Seria inseiizates de mi parte, después de los sucesos que se 
han producido y se producen á la vista de todos, atribuir completa 
imparcialidad á la conducta observada. 

No pienso como vd. que la defensa que estamos resueltos á 
hacer á todo trance contra ladominacion del Brasil, sea imposible 
y sin objeto; la considero posible y con el objeto mas sagrado á 
que puede dedicar un pueblo sus sacrificios y su sangre, á la 
dignidad y á la independencia de la República. ¿O habrá quien 
considere justa la guerra que el Brasil nos ha traido? O quien 
confie todavía, después de Paisandú, en las buenas intenciones 
del Brasil? 

Tengo el deber de compartir las desgracias y la responsabilidad 
de las desgracias, que puedan sufrir mis líon. iudadanos por de- 
fender la Independencia y el honor de su patria; traicionarla el 
i Limplimiento de ese deber haciendo acto de sumisión á las pre- 
tcnciones con que el Brasil ha querido humillarnos; como gefe 
del Estado soy obligado á llenarlo cumplidamente. 

ElSr. Barbolani ha tenido hoy la bondad de imponerme de un 
[tarrafo de carta de vd. en el cual se manifiesta la posibilidad de 
apartar al Brasil del errado camino en que marcha hoy. respecto 
¿nosotros: no puedo figurarme que aerearlo asi vd. lo conduzca 
o I ro sentimiento que el de apartar las desgracias que puedan venir- 
nos. Inútil seria alejarlas ahora para sentirlas mas graves des- 
pués; sobre todo cuando ya estamos resignados á sufrirlas porque á 
ello somos obligados, por varias causas. 

Muy mucho agradezco los ofrecimientos que vd. me hace y de 
los cuales haré uso siempre que me sean necesarios, confiando en 
que hará vd. otro tanto en lo que pueda serle útil su affmo servi- 
dor y amigo O. B. S. M. 

Atan AGIO G. Aguirre. 



-4 S. E. el Sr. D. Rafael Ulises Barbolani. 

Buenos Aires, Enero 27 de 1S65. 

Mi estimado señor y amigo : 
La carta que V.E. me biso el honor de dirigirme en el dia £5 



— 59 — 

me diíjla esperanza de que todavía iludiéramos continuaren nues- 
tra buena obra, porque no quería poner en duda la seriedad con 
que en este momento supremo para Montevideo el señor Aguirre 
le habia prometido á V, E. que me contestaría de un modo favo- 
rable a mis ideas aunque con algunas varianles que no cambiarían 
el fondo de las proposiciones. 

No me ocultaba, por algo que agregaba Y. E., que tendriamos 
muchas dificultades; pero al fin no recibíamos una repulsa inli- 
mine, el Sr. Aguirre ponia la punta del pió en el camino de la paz 
y (lesde que eso consiguiéramos, con la paciencia que no nos fal- 
tarla, y con nn poco de souoir /aire podíamos tener la esperanza 
de alcanzar lo que á todos — blancos y colorados — conviene, evi - 
tandoáunos y á otros, la desgracia, que es grande para todos, de 
caer y de subir entre las ruinas sangrientas de Montevideo. 

Desgraciadamente el señor Aguirre no m.antiene su palabra y 
ahora, como en Junio, nos da la guerra cuando sus palabras nos 
anunciaban la pazo la posibilidad de la paz. 

Envió á V. E. copia de la carta del señor Aguirre, que acabo 
de r>_'cibir. 

Ella, como V. E. lo verá, es una repulsa inlimine de toda nego- 
ciación. 

Mala por el fondo, todavía es peor por la forma. Como si no 
tuviera bastantes enemigos y sobradas dificultades, el señor 
Aguirre las busca nuevas, ofendiendo, sin necesidad y sinrazón, 
á los mismos que, olvidando antiguas rencillas, tendían una ma- 
no generosa para alzará Montevideo del abismo de sangre en que 
van á precipitar á esa bella ciudad. 

Diré á V. E. la verdad de lo que pienso, como lo hago siempre. 

No creo ni que el Sr. Aguirre sea inconveniente por desconocer 
las formas corteses en que podía haber envuelto su negativa, ni 
que tampoco desconozca que la presencia del Gobierno Argentino 
en el acto en que las armas del Brasil se presentan en Montevideo, 
era una nueva y muy seria garantía para la independencia y pa- 
ra la dignidad de la República Oriental. 

La verdad es que todavía, áesta hora, se entrega, en medio de 
falaces ilusiones, á los conatos de producir, en combinación con 
el Paraguay, una sublevación en las provincias de Entre-Ríos y de 
Curntníts. 



- 60 — 

Tienen en esle momento esperanza (infundada, según creo) de 
conseguirlo, y trabajan activamente en la realización de esa es- 
peranza. 

Para eso prometen en Entre-Rios, como lo han prometido al 
Paraguay, resistir en Montevideo, aun reduciendo á escombros 
esa ciudad para dar tiempo á que lleguen los Paraguayos y se 
alzen los pendones déla rebelión en Entre-Rios y Corrientes. 

A ese proyecto se ha sacrificado, hace mucho tiempo, la paz de 
ese pais y se ha atraído sobre él la guerra estrangera. 

A ese proyecto se sacrifica hoy la ciudad de Montevideo. 

Esta es la verdad, señor. 

Y á Montevideo lo sacrifican insensatamente; pues aunque el 
Paraguay se aprestase á pasar el Uruguay, aunque el grito de re- 
belión sonase en Entre-Rios, todo ello solo servirla para precipitar 
y agrandarla catástrofe de Montevideo. 

La catástrofe viene, y me parece que ya no tenemos medios pa 
ra evitarla. 

Si V. E. y sus colegas los tuvieran para convencerá! Sr. Aguirre 
de la verdad de la situación y de su deber de evitar el sacrificio 
criminal, de Montevideo, deben contar los instantes, que ya son 
breves. 

Por mi parte, no espero ya nada del señor Aguirre. 

Me parece inútil hacer notar áV. E. lo mal que ha comprendi- 
do el Sr. Aguirre lo que tuve el honor de decir á V. E. respecto 
ai Brasil en mi carta del 24. 

El Sr. Aguirre tenia dificultad en tratar las cuestiones del Brasil . 
Yo ehminabala dificultad diciendo que eso quedarla para el nue- 
vo gobierno del pais después de la pacificación interna, y esto 
casi no podia ser de otro modo. 

Pero la mala inteligencia en que escribe el señor Aguirre ha- 
ce mayor su responsabilidad. 

Aun entendiendo que se le decia que el Brasil retrocedería de 
lo que él llama íM- errado canií/to, cierra la puerta á la negociación 
y nonos deja medio de evitar que los cañones brasileros arruinen 
á Montevideo. El no quiere abrirle otro camino honroso al 
Brasil. 

íiO repito á V.E., por mi parte no espero ya nada del señor 
Aguirre. 



— 61 — 

Reiterando á V. E. yá sus nobles colegas los agradecimientos 
que yo, como todos los orientales les debemos, tengo el honor de 
repetirme de V. E. afectísimo amigo y seguro servidor O- B. S. M. 

Andrés Lamas. 



Exmo. Sr. D. A t anació C. Aguirre: 

Buenos Aires, Enero 27 de 1865. 

Señor : 

Acabo de tener el honor de recibir la contestación que con fecha 
del 25 se digna V. E. dará mi carta del 17. 

Y. E. cierra la puerta inlimineá toda negociación. 

V. E. poseído de falaces esperanzas en las promesas del Para- 
guay y en los conatos de rebelión que se alimentan en Entre- 
Rios, hace el último y el mas injustificado de los sacrificios que 
le exijen las furias de su partido. 

En Junio y Julio sacrifícrj Y. E. la paz de la República y atra- 
jo sobre ellala guerra extrangera por no dar entrada en su minis- 
terio á individuos del partido colorado y ni aun á los hombres 
imparciales que al fin le propusimos. 

Al pisar el extrangero nuestro suelo, Y. E. pudo acabar la 
guerra civil por un decreto llamando al partido colorado al Go- 
bierno ; pero no tuvo el coraje de hacerlo. 

Tuvo Y. E. y no la aprovechó la ocasión envidiable de afirmar 
la independencia del país reuniéndonos, por una inspiración alta, 
bajo la Bandera Nacional, para que todos le sirviéramos de invulne 
rabie escudo 

Su partido, abriendo espontáneamente la casa de Gobierno al 
partido colorado para que todos los oiientales unidos le cerráse- 
mos nuestro territorio al extrangero, se habría salvado gloriosa- 
mente y habría librado á nuestra infeliz patria de ese espectá- 
culo horrible, sin nombre, que tuvo lugar eu Paysandú y que 
Y. E. vaá hacer repetir en Montevideo. 

Siempre el partido arriba de la patria! 



— 62 — 

Asilo hace Y.E., así lo hacen otros... 

Desespero, señor, de la salud de uuestra patria. 

La están matando, y desdoran nuestro nombre en una disputa 
de posiciones oficiales, porque al fin, eso es todo. 

Nodeseo, bien lo sabe Dios, hacer injusticiaá V. E. ni anadie, 
pero en conciencia, creo que V.E. sacrifica á su parUdoldi ciudad 
de Montevideo. 

¿ Estoy equivocado ? 

Fácil es á V. E. probarlo. 

Tiene V. E. todavía el medio de probarlo, salvando á Monte- 
video. 

Diríjase V. E. a la Repúbhca Argentina, fundadora y garante 
de nuestra independencia, yá los representantes de la Inglaterra 
y de la Francia, naciones que virtualmente la han garantido tam- 
bién, y dígales: 

« La ciudad de Montevideo va áser destruida en un combate á 
« muerte en defensa de la independencia y de la dignidad de 
« la República. 

« Y para probar que es la independencia nacional lo único que 
(( me lleva á ese inmenso sacrificio y que este sacrificio está puro 
« de todo interés departido, propongo entraren negociación bajo 
(c las bases siguientes : 

« I'' Se organizará un Gobierno provisorio compuesto de ciuda 
« danos del partido colorado. 

« 2'^ Habrá olvido de todo lo pasado y se estipularán garantías 
« serias y eficaces para las personas, las propiedades y el libre 
« ejercicio de los derechos constitucionales. 

« 3* Las cuestiones pendientes con el Brasil se tratarán por 
« el nuevo Gobierno Oriental, bajo la mediación ó con el concur- 
« so de los representantes de la República Argentina, de Ingla- 
« térra y de Francia, potencias garantes ó interesadas en la in- 
« dependencia é integridad déla República. 

Propuestas estas bases inmediamente y oficialmente creo que 
ellas conducirían á un armisticio y á una negociación. 

En toda negociación con el Brasil en que intervengan la Repú- 
blica Argentina, la Inglaterra y la Francia, ia independencia y la 
integridad de la República están salvadas. 



— 63 — 

Si es eso — y no mas — loque V. E. quiere salvar, ahí tiene V 
E. un medio eficaz. 
Tengo el honor de repetirme su atento amigo y servidor, 

0. B. S. M. 

Andrés Lamas. 



ExmoSr. General D. Bartolomé Mitre. 

Mi querido amigo: 

Ayertuveel honor de informar á V. E. de que el Sr. Aguirre 
habia prometido al Sr. Barbolani que eontestaria mi carta del 17 
de una manera muy favorable á mis ideas aunque con algunas 
variantes que no cambiarían el fondo de mi pensamiento. 

Ahora acabo de recibirla esperada contestación, y, con profun- 
do desagrado, me encuentro con que el Sr. Aguirre faltando á la 
promesa que hizo al Sr. Barbolani, como falta á todo cuanto me 
habia mandado decir privadamente y que me animó á iniciar esta 
negociación en la forma en que lo hice, rechaza in-limine toda 
negociación y condena á nu^'stra amada Montevideo al triste 
destino de Paisandú. 

Comunico á V. E. pues, que mis esfuerzos han fracasado defi- 
nitivamente y envió al Sr. Barbolani la contestación que he re- 
cibido manifestándole lealmente las causas á que atribuyo el 
cruel é injustificado sacrificio de Montevideo, cuya destrucción 
está ya iniciada por las medidas que se adoptan para la resisten- 
cia, que tal vez no sea mas que un desorden sangriento y funesto 
para aquella pobre población. 

Conoce V. E. íntimamente todos los esfuerzos que he hecho 
desde mi regreso al Rio déla Plata, primero para volver pacífica- 
mente á la escena política al partido colorado, después para loca- 
lizar la revolución que condené como condenaré toda otra, forta- 
leciéndolas barreras del derecho internacional, como á todos 
conviene, y muy poco mas tarde para restablecer la paz por la 
reconciliación de los Orientales y para consolidarla por la coexis- 



— 64 ^^ 

tencia legal de los partidos; y conoce \ . E. también las angustias 
y los dolores que he sufrido en esta lucha, ingratísima y esté- 
ril, con el esclusivismo del ciego espíritu de partido. 

Pero de todos mis descalabros ninguno me ha producido do- 
lor mas hondo que el que ahora le comunico. 

El genio déla destrucción tiende sus negras alas sobre Monte- 
video, y los insensatos que van ácaeralli lo conjuran á que no 
se aparte y repelen, con enojo, á los que (¡uieren apartarlo. 

Si Y. E, no puede ya mediar para evitar la catástrofe, V. E. pue- 
de estar cerca para disminuir los estragos, para estancar la san- 
gre que aun pueda estancarse. 

Murature lo hizo enPaisandú honrándolos colores Argentinos 
y el pensamiento de V. E. 

Estoy seguro de que eso, y mas, se hará en Montevideo, por- 
que la República Argentina tiene que velar allí por los grandes 
intereses internacionales que representa y resguarda la indepen- 
dencia real del Estado Oriental. 

De entre las ruinas de Montevideo (sí, al fin nos hacen de Mon- 
tevideo una ruina) es necesario alzar la nacionalidad oriental vi- 
vificada y fortalecida por una política fraternal, porque solo la 
fraternidad puede curar las heridas del abominable fratricidio. 

Esc el interés bien entendido, el interés legüimo del Brasil, 
como lo es el de la República Argentina. 

¡ Pobre Montevideo, mi querido Mitre ! 

V. E. lo llorará como yo, porque Montevideo tiene derecho á 
las lágrimas de V. E., que es casi su hijo, como á las de todos 
los hombres libres. 

Montevideo fué la arca salvadora en aquel diluvio de sangre 
y de barbarie que se llamó Dictadura de Rosas. 

¡ Y nos sacrifican á Montevideo en aras del Paraguay ! (1) 

Esto, que parece una inspiración postuma del ídolo roto en 



(!) Uno de los señores miembros del Cuerpo Diplomático residente en 
Montevideo, me decía con fecha 22: 

« Mr. Aguirre m'a fait comprendre clairement que los engnf/anents qu'ils 
« ont avec le Paraguay ne leur permettait pas de rahandonner dans 
« ce moment et de le laisser seiil dans l'enibarras. Notre démarche coUec- 
« tive a été done tout á fait inutile. Ce sera done lo canon qui aura mal'heu- 
« reuí^ement a diré ledernier raot». 



— 65 -- 

Caseros, es el mas grande de los crímenes que ha cometido el 
rencoroso esclusivismo de los partidos. 

I Ojalá sea el ultimo ! 

Si no es el último, aquella nacionalidad está muerta. 

Sabia V. E. que estaba resuelto á separarme de los negocios 
políticos de mi país, en el mismo dia en que consiguiésemos pa- 
cificarlo. 

Realizo hoy esa resolución con la amargura que me produce 
la catástrofe de Montevideo. 

Con este mi triste adiós, me repito siempre muy suyo. 

Andrés Lamas. 
Enero 28 de 1865. 



Señor D. Andrés Lamas. 



Mi querido amigo 



Veo con dolor por su carta de hoy que sus nobles esfuerzos 
en favor de la pacificación de su pais se han malogrado una vez 
mas. 

Guando las otras noches me preguntó confidencialmente si 
estaba dispuesto á ejercitar mis buenos oficios en favor de la pa- 
cificación de la República Oriental á fin de evitar á la ciudad de 
Montevideo las calamidades que la esperaban, dije á Vd. que es- 
taba como siempre dispuesto á ello toda vez que la mediación 
del Gobierno Argentino fuera siuceramente deseada, y por con- 
secuencia solicitada en la forma que se considerase mas digna y 
conveniente para todos; pero añadí á Vd., que si ella no era so- 
licitada estaba resuelto en todo caso á ofrecer la mediación ofi- 
ciosa del Gobierno Argentino, y á hacer cuanto de mí dependie- 
se no solo para evitar desgracias, sino también para producir la 
paz y garantir en lo posible la suerte presente y el orden futuro 
en el Estado Oriental. 



— 6G - 

Después del paso dado por el Cuerpo Diplomático en Montevi- 
deo invitando al señor Aguirre á solicitar la mediación del Gobier- 
no Argentino para poner término á la guerra que asóla ese her- 
moso pais, y de la negativa del señor Aguirre á hacerlo, aun creia 
posible hacer algo en ese sentido, ofreciendo directamente mi me- 
diación (si el solicitarla era un obstáculo) por el intermedio del 
mismo Cuerpo Diplomático, cuya noble conducía en esta circuns- 
tancia ha sido tan digna como acertada. 

La contestación del señor Aguirre, que Y. me comunica, me 
cierra hasta ese último camino precisamente en momentos en (¡ue 
había adelantado mucho en el sentido de la paz, recabando el 
asentimiento de los demás beligerantes, y allanando graves obs- 
táculos que pouian entorpecer un arreglo conveniente. 

Lo deploro; porque amo á la Repúijhca Oriental como auna 
segunda patria, de laque guardo los mas gratos recuerdos, por- 
que quisiera llenar respecto de ella los deberes de buen amigo y 
buen vecino, y porque como gobernante y como argentino, de- 
searla á la vez de evitarle desgracias en lo presente, contribuir 
al mismo tiempo á asegurar su orden constitucional, su paz y 
su fehcidad en lo futuro por medio de una política de tolerancia, 
de reparación y de progreso análoga á la (|ue ha salvado á mi 
patria, regenerándola y curando en ella los dolores de las pa- 
sadas luchas. 

Reconociendo sus generosos esfuerzos, en favor de la paz, y 
deseando que se presente alguna ocasión en que aun puedan 
ser útiles mis buenos oíicios á la desgraciada ciudad de Monte- 
video, evitándole dolores ó minorándolos en lo posible. 

Soy siempre muy suyo — 

Baríulu'mé Mitre. 
Su casa. Enero 27 de 1865. 



Sr. D. Andrés Luritas. 

Barra de Saala Lucia, Enero 28 de 1865. 

Mi estimado señor y amigo: 
Consumo placer he recibido la apreciable de Vd. del 30 del 



— n? — 

corriente, y los pasos que acaba de dar cerca del Sr. Agiiirre, 
buscando medios de evitar desgracias y ruinas sobre la heroica 
Montevideo, me complacen. Ojalá el Sr. Aguirre comprenda bien 
la inmensa responsabilidad que va á pesar sobre su persona si se 
encapricha en hacer una resistencia infundada y sin obtener nin- 
gún resultado favorable para la injusta causa que sostiene. 

Rn este terreno de enjugar lágrimas de nuestros compatriotas 
y de evitar ruinas y desastres a nuestra querida patria, me encon- 
trará siempre dispuesto, y por lo tanto debe contar con lui bue- 
na volumad. 

De Vd. su siempre amigo y servidor, 

O. B. S. M. 
Venancio Flores. 



FATmo. Sr. Brigadier General D. Venancio Flores. 

Buenos Aires, Enero 51 de 1865. 

Señor General y amigo: 

Al tener el honor de acusar el recibo de la carta que V. E. se 
dignó dirigirme el dia 28 del corriente, cumplo el deber, bien 
penosopara mí, de comunicar á V. E, que, cuando menos debia 
esperarlo, el Sr. Aguirre ha contestado mi carta del 17 en térmi- 
nos que repeliendo inlimine todo lo que le hablamos propuesto, 
nome deja esperanza de poder contribuir ó disminuir y á evitar 
las desgracias porque está pasando y de que está amenfizaf^^a la 
ciudad de Montevideo. 

Fracasada esta mi última tentativa, profundamente desconsolado 
por la inutilidad de los esfuerzos que he hecho desde Agosto de 
1 863 para que se restableciese la paz entre los Orientales y se 
consolidase ese bien supremo por la co-existencia legal de los 
partidos en que se dividen, aflijidísimo por el presente y con se- 
rios temores para el porvenir, me separo de los actuales asuntos 
políticos de nuestro país. 



— 68 — 

Al hacerlo, me es grato reconocer que en las ocasiones en que 
he tenido el honor de dirijirme á V. E., siempre lo he encontra- 
do dispuesto á aceptar las avenencias que le propusimos. 

En la vida privada, en que voy á encerrar mi tristeza, me 
será muy agradable poder manifestar el alto aprecio en que ten- 
go aquella noble conducta de Y. E. 

De Y. E. affmo amigo y seguro servidor, 

Q. B. S. M. 
André-; Lamas. 



FÉ DE ERRATAS 



Pag. 


Lineo 


Dice 


Léase 


14 


23 


innecesarios 


innecesario. 


» 


31 


en la 


en lo. 


12 


11 


dichos gobiernos 


dichos artículos. 


T) 


38 


de decir 


de dar. 


50 


28 


respetaría 


respetará. 


54 


13 


por tierra é por mar 


por tierra y por mar 


» 


24 


De esta carta enviaré 


De esta carta envié. 


69 


15 


Enero 51 


Enero 31. 







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